12 ene. 2017

El glamour y la fantasía como vía de escape de la realidad

La moda, como cualquier otro arte, siempre ha estado ligada al momento social y económico que la ha rodeado a los largo de la historia. En el contexto de la primera gran crisis económica mundial, el famoso y temido Crack del 29, la moda no se libró de sufrir las consecuencias. Desde los propios creadores a la población que la vistiese, la manera de entender la moda y su utilidad cambiaron durante los años 30.

La gran crisis obligó a la alta costura a democratizarse. El gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, introdujo tasas de hasta el 90% sobre el coste original. Este encarecimiento originó la proliferación de la compra de patrones, hecho que se podría considerar el inicio del ready-to-wear.



Las mujeres de aquella década, después de diez años de libertad en cuanto al vestir y su apuesta por la comodidad, volvieron a un modo de vida más tradicional. Las curvas femeninas volvieron a marcarse, aunque primaba la naturalidad gracias a la silueta evasée. La diseñadora Madeleine Vionnet tuvo en ese momento su máxima esplendor, adaptando a la perfección las nuevas necesidades de las mujeres. La apuesta por la funcionalidad durante el día se contraponía al glamour y sofisticación de la noche. Por otro lado, el corte de pelo garçon empezó a sustituirse por melenas más largas.




Durante la década de los 30, Hollywood y sus actrices vivieron su época dorada. El glamour que desprendían las actrices y los estrenos se vio acentuado con la aparición de los diseños surrealistas de Elsa Schiaparelli, que, utilizando la moda como divertimento y fantasía, contrarrestaba la situación económica del momento. Para los miles de espectadores, Hollywood se convirtió en una fábrica de sueños con el que evadirse de una vida de pobreza a causa del Crack del 29.

 



Martí Ventura y Adriana Blanco

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