8 ene. 2017

Coser un desgarro que quiere ser agujero

                                                                                                                                
Si bien enero es el mes de los buenos propósitos, para el gobierno catalán, el propósito de año nuevo sigue siendo el mismo de hace unos años: Conseguir que Cataluña sea un estado independiente.
Pero la pregunta es, ¿Qué pasará con el textil catalán y español, si finalmente esto ocurre? 


Pues la respuesta siempre va a depender de la manera en que Catalunya consiga la independencia. Por un lado la puede obtener mediante vías legales a través de un proceso soberanista, y por intereses económicos y sociales España y Europa la reconocen como un nuevo estado. Por el otro lado, podría ser que España acepte Cataluña como un nuevo estado, pero que no lo haga Europa. Y en un tercer supuesto, podría pasar que la independencia se diera como un golpe de mesa, rompiendo todos los lazos con España y también con Europa. He aquí el primer bache para Cataluña, ya que si no está reconocida como país de la Unión Europea, no tiene por qué tener el mismo trato comercial y se le podría imponer un coste adicional para importar o exportar primeras materias.

Otro de los problemas que se plantean derivados de esta posible independencia sobre el sector textil, es el boicot a los productos catalanes. Las empresas catalanas tienen como primer cliente, y del que depende sus exportaciones, el mercado español. Por tanto si hubiese un boicot se perderían un 60% de las ventas catalanas. Aunque por contrapunto también hay que entender, que hoy en día las empresas están muy internacionalizadas, la sede puede estar en Cataluña, pero las fábricas en España, y puede que las materias primas provengan de África. Por lo tanto es muy difícil hacer boicot a un solo estado.


Aunque la independencia no solo conllevaría aspectos negativos para Cataluña. Se considera que un 9 o 10% del PIB catalán es déficit fiscal. Con la independencia, este déficit desaparecería y seria la ganancia de renta limpia que se obtendría del hecho de no tenerlo. Solo un boicot muy fuerte y generalizado podría contrarrestar ésta parte positiva.

Lo que no se puede discutir es que para conseguir la independencia, la industria catalana debería estar realmente reforzada para soportar los desequilibrios que el proceso conllevaría. Quizá el gobierno debería plantearse que tejido empresarial está cultivando, ya que según datos de Idescat, Cataluña sufre un paro crónico que no baja del 8%. Además ha soportado la crisis monetaria de 2008 y la posterior recesión de la que aún somos conscientes.

Por lo tanto, es crucial la decisión de las grandes empresas instaladas en Cataluña de quedarse en el país aunque este se independizara para ayudar al maltrecho tejido. Inditex – que registró un beneficio neto de 2.975 millones de euros en 2015- , Mango o Desigual están muy internacionalizadas, y podrían ayudar al sector a abrirse a otros mercados internacionales fuera de la Unión Europea y de España y así poder comercializar reforzando el carácter exportador del textil catalán.

El otro tema es ver si una vez independizada y con el mando del control monetario en sus manos, Cataluña destinaria ese dinero a la mejora de la industria textil o a otros asuntos que les convinieran más a sus dirigentes.

Laia Levis

                                                                                                                                           

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