12 ene. 2017

¡Champán, más champán, ya están aquí los 20!


Dicen que después de la tormenta llega la calma, pero en los años 20 después de la tormenta más que la calma, llegó la locura.

Los 20 fueron la época de dar color a la escala de grises creada por la guerra, de teñir los labios de rojo y cortarse el pelo, porque en los 20, soltarse la melena sabía a poco, y mira que se la soltaron.

El ritmo frenético y divertido del Charleston trajo consigo vestidos dorados, lentejuelas y flecos que se movían al son de las piernas de las mujeres. Las faldas se acortaron al tiempo que dieron más libertad femenina, tanta que hasta encenderse un cigarrillo se concebía sexy. Una evolución tal, que hoy en día podemos considerar este hito como el inicio de la androginia femenina.



El baile del Charleston supuso un giro de 180º hasta lo que entonces estaba permitido en los locales de fiesta. Se bailaba por separado, por lo que la mujer ya no dependía de un hombre que la acompañara en la pista. Y surgieron los cabarets, y la locura se desató.



Las parisinas de la época se inspiraban en la icónica Colette que apostaba por una imagen juvenil y saludable y cuya melena – fue una de las primeras en cortarse el pelo – causó el anhelo de muchas.

Los cuellos y escotes se adornaron con perlas y plumas importadas de la India, fruto de la apertura comercial europea tras la guerra.

A este aperturismo solo le faltaba que llegara un personaje que acabara de revolucionar el mundo de la moda no solo de noche, sino también de día. Y llegó, y de qué manera, con Coco Chanel. Y con ella la libertad en la moda femenina, la posibilidad de practicar deporte con glamour, los pantalones y la liberación de las mujeres. Pero sobre todo fue la precursora de crear una marca icónica de moda tal que hoy en día siguen vigentes sus normas de juego.



Marta Martínez
Núria Malé

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