23 mar. 2017

La reinvención del Corsé


Siempre se ha dicho que no hay nada nuevo, que en la moda ya está todo inventado. Y a las pruebas nos remitimos, los pantalones campana, típicos de los 60-70 tuvieron de nuevo su boom a finales de los 90 y principios del año 2000, las sneakers, los colores, las formas, las prendas y los tejidos. Y ahora en 2017 nos aparece como una de las tendencias que arrasará con fuerza el corsé. Sí, sí, ni más ni menos que el corsé, aquella prenda de la que nos liberó Cocó Chanel hace casi 100 años, ahora, en pleno siglo XXI y en el año 2017, los millenials, las celebrities, las influencers y la moda le rinden homenaje a esta prenda.

Dior Spring/Summer 17



Lo hemos podido ver en las pasarelas de esta primavera-verano de la mano de Tibi, Alexander McQueen, Dior o Loewe. Aunque hay que explicar que aparecerá en formato cinturón más que los usados durante el siglo XX.  


Según las tendencias, es una forma de dar visibilidad de nuevo a la cintura femenina colocándolo encima de cualquier prenda, vestidos, pantalones, camisas o chaquetas y abrigos, como hizo Prada en su desfile de Otoño-Invierno de 2016. Su función es apta tanto para el día como para la noche, aunque es cierto que trabajar con un cinturón corsé durante ocho horas no tiene que ser muy cómodo o agradable. 

Karlie Kloss con blusa encorsetada

Como todo lo que sale en pasarela lo tenemos accesible en Inditex o Mango, ya podemos encontrarlo en nuestras tiendas habituales. Así pues, qué no se extrañen nuestras abuelas cuando nos vean enfundadas en el corsé-cinturón durante esta primavera.

Mango


Lo que no es entendible, es que mientras vamos avanzando y liberándonos de estas ataduras, ahora volvamos a ellas. Aunque sea una versión renovada de la de antaño, ¿por qué nos empeñamos las mujeres en seguir apretando y enfundando nuestros cuerpos? Si nos queremos “libres, lindas y locas”, ¿Qué sentido tiene atarnos con las incómodas cintas de un corsé?

Clara Iglesias Alcoba
 
 

17 mar. 2017

Compara et impera, o quizás no


Por Yvonne Müller
Somos seres comparadores, comparamos más que respiramos, o bueno, quizás no tanto. Las comparaciones son odiosas, dicen, pero también son inevitables. Para que haya gente que lo haga bien, debe haber gente que lo haga mal o, si queremos ser políticamente correctos, menos bien. De todos modos, ahí está la comparación. Debemos intentar ser los mejores, eso está claro, pero no debemos hundirnos en la miseria cuando descubramos que no lo somos, que hay alguien mejor que nosotros que nos ha ganado. Porque lo habrá.

Maletas de la colaboración de Louis Vuitton y Supreme.
Somos la generación blandita, dicen, nos critican que no compitamos entre nosotros. Quizás nos hemos dado cuenta de que no queremos medirnos los unos con los otros, de que no queremos hundirnos en la miseria al descubrir que no somos los mejores. Quizás hemos entendido que cada persona es única y tiene unas habilidades determinadas, y que eso no la convierte en mejor o peor que nosotros. O simplemente nos va mejor así, estamos en nuestra archinombrada zona de confort de la que no queremos salir y preferimos vivir una versión edulcorada de la vida. Habrá quien lo critique, pero puede que sea exactamente eso lo que necesita el mundo de la moda. Un poco de edulcorante, un poco de bondad.

Imagen promocional de la colaboración de Sonia Rykiel con H&M. 
Quizás el futuro no pasa por competir, sino por colaborar. En H&M lo saben y cada año lo demuestran. Dos marcas se unen para crear una colección especial. Sus objetivos no coinciden, pero se complementan y ofrecen un ejemplo de que colaborando se entiende la gente. Puede que sea una postura utópica, pero estoy segura de que se han logrado grandes cosas partiendo de una idea considerada irrealizable en sus inicios. Además, H&M no son los únicos, Supreme con Louis Vuitton y Gigi Hadid con Tommy Hilfiger son solo dos ejemplos más de que la colaboración está en auge.

P.D. Un elemento fundamental para la redacción de este artículo, sin el cual puede que nunca hubiera visto la luz, ha sido el Internet lento de mi casa, que me ha privado de distracciones y me ha proporcionado tiempo para hacer esta reflexión ;)

El Peluquero: Sam McKnight Santificado

Rubias, morenas, pelirrojas. Rizos o afro. 
Todo lo que hay que saber sobre el pelo o cómo aprendértelo con un solo viaje a Londres.

Sam McKnight, Linda Evangelista y Jesse the chimp, Los Angeles, 1992



Vulgar es una palabra que no cabe dentro de una exposición. No cabe en una exposición de moda y no cabe en una exposición sobre Sam McKnight. Pero luz sí, la luz sí que cabe. Cabe y debe caber. Y no porque un museo pueda invertir desmesuradamente en iluminación, sino que es lo que uno tiene que ver a la hora de salir bajo la sombra.

Sam McKnight cierra en 2017 y en definitiva, por la mano de Somerset House, su capítulo sobre el anonimato en el mundo de la moda. Y aunque él haya sido el único responsable por Lady Di llevar el pelo corto y se volver en la bandera de estilo de su generación, McKnight, tal como la princesa, seguía siendo esa persona tímida al fondo del salón que no deseaba halagarse sin más.

Hair by Sam McKnight fue una oda al mundo de las tijeras y a la importancia del role del peluquero en el mundo de la moda. De las innumerables portadas de Vogue a las pelucas encargadas por Lady Gaga, esta fue una exposición que nos hará cuestionar, durante mucho tiempo, cómo el pelo de alguien puede contribuir tan eficazmente para definir y resumir tan eficazmente a todo el abanico de imágenes icónicas de la cultura contemporánea.

Con colecciones de Vivenne Westwood y Chanel, el recorrido era tan superlativo como familiar, como cuando nos deparábamos, por ejemplo, con polaroids del archivo personal del peluquero. Gisele, Moss, Naomi, Linda, Gigi, Kloss, Cara… No hubo Top model o millennial que él no haya peinado, ¡simplemente no hubo!
190 portadas Vogue con Sam McKnight como peluquero.

La naturaleza conceptual de la exposición es lo que hizo que se destacara de todas las demás. El pelo gana un protagonismo sin precedentes en cada imagen y, sin lo que lo hubiéramos reflexionado antes, es el hilo conductor de toda la narrativa visual. Y es aquí que el trivial deja de serlo, gana su lugar en el pódium y nos permite, ante toda la parafernalia de multi media existente y de recreación de atmosferas reales, valorar verdaderamente a un muy riguroso trabajo de backstage.

Romántico, rebelde, osado. Sam supo verlo y serlo todo. Ayer y hoy. Y mañana, claro. Porque en un mundo dónde hay quien sepa destacarse por interpretar a los demás a comunicar una idea, se le reservará a un lugar en el estrellato. Por eso, Sam es más grande que la exposición que lleva su nombre.
Sam McKnight y Kate Moss en la cerimonia de inauguración de la exposición en Somerset House.



Y al final, te quedarás con un único asunto en tu cabeza: Sam, ¿qué me puedo hacer en el pelo?


Por Mariana Viseu

10 mar. 2017

Cuando el estilo quedó relegado por las 'prendas virales'

Y hay veces que ocurre. De una prenda que parece que no va a encajar se convierte en viral. Todo el mundo la lleva y parece que tu estás fuera de lugar si no lo haces. Entonces ves como tristemente la sociedad se convierte en un rebaño equipado de bikers amarillas (llegó a tener hasta una cuenta en Instragram @yellowjacketofficial), sudaderas con pelo en las mangas o mini faldas de 'cuero' -aka polipiel - o con volantes. 
Y paseas por el centro de cualquier ciudad y ves pasar clones, uno tras otro, que parece que no se han complicado la vida y copian exactamente el look del maniquí, pensando que de esa manera irán acorde a las tendencias y acertarán. Pero... ¿dónde queda la personalidad? ¿dónde queda decir al mundo lo que somos a través de la ropa?



Claro que todos podemos caer en la tentación de esas prendas virales (algunas al menos bonitas serán, ¿no?), pero que al menos lo hagamos con personalidad y perteneciendo todos a distintos 'rebaños' para que al menos no vea por detrás a alguien que creo que es mi amiga y resulta que es otra chica que lleva exactamente el mismo look y sí, también sacado del maniquí de Zara (creerme alguna vez me ha pasado). 

Se está perdiendo eso, precisamente lo divertido y especial de la moda. Hemos cambiado vestirnos como nos gusta por vestirnos con lo que se lleva. Dejamos en el baúl de los recuerdos prendas que nos encantan por miedo a que nos tachen de pasado de moda o incluso algunos se atreverán a hacerlo de hortera. Sin irnos más lejos, ¿cuántos hemos dicho en el pasado eso de: rosa y rojo puñetazo en el ojo? Y ahora parece que se ha convertido en nuestro mantra, porque los diseñadores lo han subido a las pasarelas y el señor Ortega ha llenado los Zaras de cada ciudad de maniquís luciendo esta combinación.

¿Realmente decidimos que nos guste o lo meten en nuestro subconsciente por repetición? Si que los patrones cambian, los gustos también y el estilo evoluciona, pero me resulta curioso - y en parte divertido -  que el gusto cambie a la par para miles de personas que de pronto deciden que la combinación rosa-rojo es la ideal. Que puede serlo, no digo que no, al fin y al cabo ya lo dicen: sobre gustos no hay nada escrito.

A veces me gustaría que nos paráramos a pensar un poco más en lo que de verdad nos gustas, nos identifica o nos representa. Que nuestra forma de vestirnos diga al mundo cómo somos, lo que queremos... Todos tenemos una personalidad fuerte y tenemos que potenciarla y eso, al final, es mucho mejor y mucho más auténtico que formar parte de un rebaño.

Marta Martínez 

3 mar. 2017

Larga vida a la ropa

TEXTO: LAIA LEVIS

Érase una vez un bonito vestido que lucía brillante y resplandeciente en el escaparate de una distinguida tienda situada en la mejor zona comercial de la ciudad. Como todo buen vestido esperaba ansioso la hora de ser comprado. Sin embargo, las fiestas navideñas pasaron una tras otra, nochebuena, navidad, nochevieja y finalmente la noche de reyes… Pero el pobre vestido no fue vendido. 
Con la segunda semana de enero llegaron los descuentos, y el brillante vestido fue rebajado un 20%, luego un 30% y finalmente le colgaron la etiqueta de “a mitad de precio”. Una vez más sin suerte y con la autoestima rebajada a la mitad, el vestido fue descartado para su venta en la boutique. 

¿Qué pasará ahora con él? Os habéis preguntado nunca ¿qué pasa con la ropa que no es vendida en tienda? 

La ropa que finalmente queda en stock después de rebajas es llevada a los outlet, de los que actualmente disponen casi todas las grandes cadenas. Y allí puede permanecer y ser rebajada tantas veces hasta la liquidación del mismo outlet. Permanece el mayor tiempo posible para generar el mayor margen de beneficio posible para el negocio.
Outlet del grupo Inditex

Esta “marginación” temprana de las prendas de ropa, viene impuesta sobre todo por la nueva reducción del proceso de producción – de 8 o 9 meses se pasó a 3 semanas-, un modelo instaurado por el gran portaviones de la moda, Inditex. Controlar el 90% de la producción, incluyendo en este tanto por ciento la distribución, les permite reducir los ciclos temporales y rellenar tres cuartos de tienda con stock nuevo cada 2 semanas. Y aunque el modelo Inditex se caracteriza por hacer producciones cortas, estos cambios tan rápidos también loes produce un stock sobrante de sus prendas. 

Primark, el gran hipermercado de la moda, funciona con un modelo distinto. Sus tiendas son tan grandes que pueden tener el stock expuesto y rebajarlo hasta que es vendido. No necesitan una “subtienda” que venda más barato porque ellos mismos pueden hacer esta misma función. 

Hace unos años las malas lenguas decían que las firmas de alta costura o las marcas que vendían a precios elevados destruían sus prendas porque no querían arriesgarse a la venta ilegal de esta, pero actualmente con la crisis –miedo a la compra y poco dinero- y los altos costes que supone destruir los residuos, son pocas las tiendas que pongan en práctica esta maniobra. Es más, en un momento en que el consumo responsable es más importante que nunca, vender y comprar lujo o moda en general de segunda mano a través de una aplicación en tu smartphone es toda una tendencia. 
App para vender y comprar ropa de segunda mano

Otras vías de escape para ropa que no se vende, son los mercadillos. Cada vez menos, pero no es raro encontrarte una prenda de alguna tienda conocida de tres o cuatro temporadas atrás en algún mercadillo. No es una noticia nueva que la ropa de las cadenas, muy pasada de temporadas o con alguna tara, se vende a los feriantes a muy bajo coste. Aunque por desgracia también podemos encontrar imitaciones perfectamente etiquetadas como si fueran reales. 

Según un artículo de la revista S Moda, en las tiendas de la compañía Inditex, una cantidad muy pequeña de sobrante no vendido  se donan a ONGs. Quizá, esta última es la opción más acertada en un mundo en el que sobran residuos y pobreza, y  faltan recursos naturales y políticas sostenibles.
Concepto de cambio de mentalidad para reutilizar ropa