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7 may 2012

Warning! Excessive viewing of photoshopped images may turn you into a freakshow.


En 1987, Thomas Knoll, un estudiante de doctorado en la Universidad de Michigan, comenzó a escribir un programa sobre su Macintosh Plus para enseñar imágenes de escala gris en una pantalla monocroma. Juntos con su hermano ellos lo desarrollaron en un programa de edición de imágenes, que llamaron PhotoShop (taller de fotos). Los hermanos demostraron el programa a ingenieros de Apple y Adobe y en septiembre de 1988 Adobe compró la licencia para distribuirlo. En 1990 Photoshop 1.0 (somos ahora en 5.5) fue exclusivamente lanzado por Macintosh.
Además de las herramientas para cortar, pintar, mesurar y mecanografiar, estaba igualmente disponible una paleta para retocar fotos. Conocido como herramientas de clonar, borrar, quemar, esquivar, tiznar y difuminar, esta posibilidad para adaptar, retocar y manipular las fotos pronto se hizo un negocio próspero.  El Señor Knoll no sabía lo que había hecho a la sociedad; justo como el Doctor Frankenstein - había creado un monstruo.

30 minutos de trabajo que resultan en autoconfianza baja?
Si opinas que esta historia no te afecta directamente, piensa de nuevo! Photoshop no sólo da a profesionales creativos una posibilidad de realizar sus visiones, PhotoShop también está en tu vida diaria. De hecho es tan omnipresente, que ni lo damos cuenta. Las fotos retocadas se han hecho como una costumbre a nosotros; algo que no lo notamos. Desde luego en algún sitio en nuestro cerebro la información es almacenada que esta imagen ha sido ajustado de algún modo, pero el cuánto ha sido manipulado, no puedes imaginarte.
Como Photoshop puede convertir fotos en imágenes irreales
Las piernas son hechas más largas, cinturas más delgadas y pechos más grande, hasta que volcamos (virtualmente). La cara "corriente" se ha hecho un alien; narices diminutas, ojos enormes (con pestañas tan largas como los de camellos) y una piel perfectamente uniforme. Nos parecen imágenes completamente normales en la vida diaria. ¡El producto bruto, conocido como el cuerpo humano, o la foto, sufre tantos cambios antes de ir a los medios de comunicación, esto ni existe! Miramos imágenes totalmente ficticias y no nos damos cuenta que  los modelos que imitamos son inventados. La marca Dove ha hecho un maravilloso vídeo corto sobre ello, que puedes mirar aquí.

¿Quieres una piel sin poros como las mujeres asombrosas de Clarins?
Este producto se llama Ilusión. Muy adecuado.
Te asfixiarías en un minuto si tu cuerpo no tuviera poros. Además la simetría en una cara parece completamente surrealista (refleja tu cara con un espejo y aun no te reconocerás). Y otra cosa; ¡un adulto no tiene las proporciones de cara de un bebé, dónde la parte de ojo-y-frente sube la mitad de la cara entera!

¿Verdadero, pero qué hay de nuevo? Bien, mis preocupaciones se aplican a la parte de la población que no descubre estas imágenes como irreales. Sí, estas imágenes sirven sobre todo niños y adolescentes como modelo, desarrollando una autopercepción deformada y un amor propio bajo, porque sus objetivos son, pues simplemente inalcanzables. ¿Pero en cuanto a los miles de las mujeres adultas que ejercen un peregrinaje de una cirugía al siguiente, para parecer a … una persona imaginaria? Apretar, aclarar, iluminar; ¿cuánto tiempo nos toma esto para ver que las herramientas de Photoshop se han hecho realidad gracias a la tecnología moderna? Lociones, tratamientos y cirugía nos engañan en el pensamiento que podemos cambiar todo que no nos gusta sobre nuestro cuerpo. Pero no hay ningún “botón-deshacer" en la vida real.

Si seguimos este “deseo de una nariz perfecta, y mientras que ya estamos podemos también hacer la cirugía de los pechos, que queríamos desde tanto tiempo”, comenzaremos a mirar todas lo mismo. (mira aqui el video "El cuerpo de las mujeres")
De qué tenemos miedo? ¿Qué ocultamos? ¿Desde cuándo se ha hecho débil tener arrugas? ¡Vivir la vida significa que pasaremos por ella con todo lo que esto aporta! Y esto implica que exteriorices emociones, que te hacen mover tus músculos y lógicamente hacen tu piel obtener arrugas.
¿No te gusta? ¡Toma la herramienta - borrador!

Imagínate todos tus álbumes de fotos, lleno de fotos en las cuales no envejeces. Horripilante.
Esto tiene que pararse en algún momento, no? ¿Y dónde queda " la preciosa manera de vivir " que puede hacernos parecer absolutamente hermosas en todas las edades? ¿Recuerda… beber 2 litros de agua al día, comer sano, hacer deporte, no fumar, y evitar el sol? ¿Te suena?
¿Por qué nadie de mi edad me cree que la exposición de sol sin protección es el factor número 1 para el envejecimiento prematuro de la piel?
¡Cuántas veces tengo que repetir que poniendo la protección solar a diario asegurará una piel luminosa durante mucho tiempo! A menos que quieras gastar el dinero en lociones de Clinique que supuestamente quitan tus manchas envejecidas. Como dije que no hay "deshacer", que te hará parecer naturalmente joven otra vez.

¿ A dónde puede ir esto? ¿Qué podemos hacer sobre esto? Seguramente hay organizaciones que luchan contra esto tipo de brujería y hubo discusiones sobre poner la advertencia de etiquetas sobre imágenes retocadas. ¿Si el alcohol y cigarrillos llevan etiquetas que advierten sobre problemas de salud, por qué no Photoshop debería llevarlos? Si esto puede impedir a una chica que no se caya en depresión, un trastorno alimentar o en una autoconfianza fatal para toda su vida, ya es un triunfo.







Por favor, no seas víctima de Photoshop. Ámate a ti misma.

Por Rosi Muller
click here for the english version

10 abr 2011

Dime qué ves y te diré cómo vistes

El fin de Sex & the City nos dejó huérfanos y hambrientos de estilismos y moda en la televisión. Corría el año 2004 cuando los tacones de Carrie dejaban de sonar en las calles de Nueva York (al menos, de la mano de ese gran canal de series que es la HBO)

 Miranda, Carrie, Charlotte y Samantha: un adiós, cómo no, de punta en blanco.


Sin embargo, en la televisión otras muchas series han conseguido marcar tendencia. Sexo en Nueva York se llevó la palma, pero no fue la única:

Friends es un clásico de la televisión. Sus protagonistas continúan levantando pasiones entre el público, quizás porque las tramas de la serie no han perdido un ápice de actualidad, a pesar de que las aventuras y desventuras de este grupo de seis amigos comenzaron a emitirse en 1994. De las diez temporadas en las que reinó en antena, se puede destacar, desde el punto de vista moda, a dos grandes personajes: el pelo de Rachel Green (Jennifer Aniston) y los estilismos de Phoebe Buffay.

"Quiero el corte de Jennifer Aniston" era la frase más pronunciada en las peluquerías norteamericanas a mediados de los noventa. Cada uno de sus peinados se convirtieron en "los rachel". Su pelo convirtió a esta actriz en la enésima novia de América. Su símbolo. Tanto es así que, en diez temporadas, el estilo de Rachel apenas cambió: un tono de rubio más o menos similar (quizás algo más claro conforme avanzan los episodios) y, con excepción de un par de temporadas un largo que sobrepasaba con creces la altura del hombro.


Pero, ¿por qué Phoebe Buffay? Muy sencillo. Por esto:
Una adorable Phoebe, lista para aprender a ir en bici.
Super Phoebe. Qué tiemble Clark Kent

Lo suyo era el color, la alegría y la inocencia. Por eso, Phoebe era la más interesante de las tres amigas Friends. Érase una vez un Phoebe pegada a una guitarra... ¡Por no hablar de sus manos repletas de anillos!

90210, o lo que es lo mismo: vive le style américain! El remake de ese Beverly Hills que marcó a los adolescentes de los 90 ha venido cargado de modelitos y cuerpos esculturales:
Tres de las protagonistas de este drama juvenil 




Vivir en California, donde siempre hace buen tiempo condiciona, y mucho, el estilo de vestir. Por eso en 90210 se ven muchos vestidos mini, bikinis y bastante carne al aire. Sus protagonistas no tienen nada de especial: son ricos, guapos y tiene las hormonas algo revolucionadas. Sin embargo, como a los pobres, también les duele muy a menudo el corazón... y la Visa.




Silver, Naomi y Adrianna: un trío muy bien avenido





Gossip Girl: ¡Y el glamour huérfano de Sex and the City regresó a NY! Y, por ende, a la televisión. Es cierto que las tramas de la serie han ido decayendo con el paso de las temporadas, pero lo que no ha descendido ni un ápice ha sido el nivel de los estilismos.

"Somos Blair y Serena. Porque nosotras lo valemos".

Sus dos grandes referentes son Blair (la morena) y Serena (la rubia). Los suyos son dos estilos contrapuestos: recatada, clásica y dulce la primera; explosiva, chic y más casual la segunda. 

Las dos juntas forman un tándem perfecto y es muy habitual verlas de compras en muchos de los capítulos. Ellas llevan vestidos de gala de Oscar de la Renta, bolsos de Vuitton o zapatos Jimmy Choo porque forman parte de ese selecto grupo real del Upper East Side.  ¿Qué sería de Gossip Girl sin el estilo de sus dos protagonisas? Probablemente, una serie más de adolescentes que habría languidecido poco a poco.



La rubia, Serena, es "sensacional, sensacional" y la morena "tampoco está mal".
 Sin embargo, en Gossip Girl también hay otra figura a destacar. Y esta no es otra que la del fantástico Chuck Bass, perfecto ejemplo de la adaptación del gentleman inglés al siglo XXI. Lástima que sus modales, muchas veces, dejen algo que desear

No le falta ni el detalle del vasito....
Atentos a la coordinación: bolso vs. pajarita
















Lipstick Jungle: el intento por revivir el glamour de las treinteañeras neyorkinas se quedó en eso, en un simple intento. Lástima, porque sin igualar a Sex and the City, Lipstick Jungle fue una serie con tramas interesantes, perfecta para evadirse y pensar aquello de "pobre niña rica".

Nico, Victoria y Wendy: una para todas y todas para una



Nico, Victoria y Wendy son tres súper amigas  que viven, trabajan y sufren en Manhattan. Profesionales de éxito, se encaraman a sus tacones y aguantan sobre ellos a lo largo de todo el día, sin importar el número de horas de sus jornadas agotadoras.

Su venturas y desventuras sólo duraron dos temporadas. 



Negro riguroso, acierto seguro.
Mad Men y la vuelta a los sesenta. Mad Men es mi gran debilidad. Me asombra la capacidad de Betty Draper de mostrarse siempre perfecta, rimmel corrido y borrachera incluida. Siempre perfecta con sus vestidos de vuelo, cintura de avispa, uñas pintadas y cigarrillo permanente.

Betty Draper, borracha pero siempre perfecta.

Me asombra también la voluptuosidad de Joan Holloway, y cómo se desenvuelve esta magnífica mujer rodeada de tiburones macho, dispuestos a ver en ella una simple percha para un vestido. Joan es sensual, pero también atrevida, y la ropa se le ajusta al cuerpo como una segunda piel.

Joan Holloway, o el estilo de una pelirroja

Downton Abbey, la (última) serie revelación en la televisión española. Muchos la descubrimos gracias, cómo no, a Internet, sin doblajes y sin parones publicitarios. En ella la ropa se descubre de forma sutil, puesto que forma parte indisoluble del escenario donde se desarrollan las tramas. La ropa de día es sencilla, sin estridencias, y da paso al esplendor y la sofisticación de los trajes de noche. Puntillas, perlas, muselina, guantes de red... ¡¡Por no hablar de los sombreros!!

Tres hermanas para tres vestidos
Diferentes escenas de Downton Abbey.
Frente al lujo poco ostentoso de los Crowley, destacan sus sirvientes, los protagonistas invisibles de esta serie.
La plantilla de los Crowley al completo

Su vestimenta los convierte en seres anodinos y aburridos pero las apariencias engañan. En realidad, ellos dirigen los hilos de la mansión señorial de los Crowley que, es, en sí misma, un personaje más.

Eva Navarro










6 abr 2011

Con el DNI a la vista

Primer día de rodaje del episodio piloto de la nueva versión televisiva de Los Ángeles de Charlie (Charlie's Angels) en Miami. Las tres protagonistas salen de un edificio vestidas de riguroso blanco y sonrientes. Ante esta primera imagen, los comentarios pueden ir dirigidos a sus cortes de pelo, como les sientan los looks elegidos y lo altas que son las sandalias que lucen. 

 De izquierda a derecha: Rachel Taylor, Minka Kelly y Annie Ilonzeh

Ese tipo de comentarios generales convierte cada una de las prendas en simplemente eso, una prenda indefinida, sin identidad. Pero el discurso y la información disponible para comentar la imagen se transforma radicalmente cuando las tres actrices se dan la vuelta y en medio de todo el blanco y los tonos beige, destacan un par de suelas rojas. En ese instante, el análisis de la escena desde el punto de vista de la moda deja de tener como base prendas anónimas y se puede empezar a valorar con el DNI en la mano. 


Las actrices, en un descanso del rodaje en Miami

Mientras los Greissimo de Rachel Taylor y los Samaya de Minka Kelly dejan de ser ‘zapatos’ para convertirse en Louboutins, las sandalias de la tercera en discordia, Annie Ilonzeh, siguen siendo John Does -termino con el que se denomina en USA a los cadáveres sin identitdad-. Evidentemente, teniendo en cuenta que Kelly luce además un vestido Gucci, podemos llegar a deducir que los zapatos de Ilonzeh no son precisamente de las tiendas Mary Paz. Se trata, en realidad, de sandalias Tribute de Yves Saint Laurent. Muy bien, pero desde fuera, ¿como saberlo? En este punto radica, precisamente, el gran acierto de Christian Louboutin: el acierto de saber “marcar” su obra de una forma concreta y especial. Una marca que permite identificar el autor a primera vista y le da ventaja en un mundo, el de la moda, de múltiple oferta y variedad.


La ahora famosa suela roja -que el zapatero solo abandona en sus trabajos nupciales, donde siguiendo la tradición, convierte la suela en 'algo azul'- nació cuando el francés se encontraba haciendo bocetos para un zapato inspirado en el Pop Art de Warhol. Al notar que a lo que acababa de dibujar le faltaba ‘alma’, Christian saqueó el neceser de su entonces asistente -una chica sin muchas aptitudes que se pasaba el día pintándose las uñas- y usó su esmalte rojo para dibujar la suela. Cuando sus clientas habituales dieron el visto bueno a la innovación, Louboutin dio un paso hacia la eternidad.

El sello se reconoce a primera vista pero sin ser tan evidente como un logotipo. La suela roja acompaña al resto del zapato y ayuda a que, con un solo vistazo, se reconozca la obra de Louboutin y se pueda, así, desear con nombre y apellido.



Albert R. Dot 

15 ene 2011

X.O.X.O.

Esta semana ha salido a la luz la primera imagen de la actriz Leighton Meester como nueva cara de Missoni. ¿Qué pasa? ¿Por Leighton Meester no les viene nada? ¿Qué tal si lo intentamos con su alter ego televisivo: Blair Waldorf? ¿Ahora sí? Quizá no les cueste tanto ponerle cara a otro nombre: Blake Lively (Su alias: Serena Van Der Woodsen). Ambas tienen en común muchas cosas. La primera y obvia es que son las protagonistas de una de las series juveniles más importantes de los últimos años: Gossip Girl. La otra es que en los últimos meses ambas han conseguido unos contratos publicitarios que muchas actrices televisivas de primera línea desearían. Meester para Missoni y Vera Wang mientras Lively pone su melena rubia al servicio de los bolsos Mademoiselle de Chanel. Grandes nombres de la moda unidos a las estrellas de una serie emitida en un canal juvenil minoritario. Extraña unión. He aquí algunos de los porqués.
Blake Lively y Leighton Meester en Rolling Stone, by Terry Richardson

Mientras a algunos el concepto serie juvenil les llevaría a pensar en carpetas, revistas para adolescentes o publicidad de refrescos, la realidad es una muy diferente cuando hablamos del fenómeno Gossip Girl y nos ponemos a analizar la trayectoria “social” de Meester y Lively desde que la serie, que en USA emite el canal minoritario CW y en España el digital AXN, se estrenó hace ya más de 3 años. Mientras Meester –la tardona del dúo- se metía a cantante, Lively ha ido, poco a poco, haciendo su camino hacia el estrellato, no solo cinematográfico (con interpretaciones muy bien escogidas como la de la muy adulta The Town o llamadas a llenar salas como la futura Green Lantern junto a Ryan Reynolds como el superhéroe del título) sinó también como IT Girl presente en las revistas de moda día sí, día también.  Pero lo que empezó con las habituales sesiones de fotos en revistas juveniles USA como Seventeen o Teen Vogue fue evolucionando. Primero llegó la polémica portada de Rolling Stone junto a Meester, fotografiada por Terry Richardson. Más tarde, su primera portada para Vogue. Y la segunda. Y de la portada de la revista al front row junto a La Wintour. ¿Pero que ha visto el mundo de la moda y, antes que él, el mundo del periodismo de moda en Lively para encumbrarla así de rápido?
Blake Lively para Vogue USA

Lively junto a Anna Wintour

Una vida ordenada, aficiones entrañables como la cocina, cero escándalos y una imagen serena –como el nombre de su personaje- pero nada fría ni distante. Blake desprende un aroma juvenil pero sofisticado con una pose de niña buena que, hasta que se demuestre lo contrario, es real. Características que la han alejado de caer en la maldición de su antecesora como IT Girl de serie juvenil, Mischa Barton (The OC), de la que ya pocos se acuerdan por culpa de sus desenfrenos y malos hábitos. Blake ha llegado más alto que Mischa. Tan alto que incluso la editrix (palabro inventado que une los conceptos Editor y Dominatrix) de Vogue America, Anna Wintour, la llevó del brazo a los desfiles de la última semana de la moda de París, de la que volvió tuteando a Lagerfeld y con un zapato de Louboutin con su nombre.
El ojo de Wintour, por lo tanto, se ha vuelto a demostrar infalible. El estilo de Lively no es lo que realmente la ha posicionado allí donde está ahora. Se trata del potencial de estrella de cine de gran calibre lo que ha llevado a la gurú de la moda a respaldar y convertir en su BFF a la joven Blake. De alguna manera, Anna intuyó que esa joven que lucía un look katemossiano en la pequeña pantalla llegaría a ser un gran nombre de Hollywood algún día. Y aunque Meester no vaya cogida del brazo de Wintour y su carrera cinematográfica tenga algunas cintas menores más que la de Lively, ella también ha sabido ver finalmente que ser una “gossip girl” abre muchas puertas en el universo moda.
Primera imagen de Leighton Meester para Missoni


Porqué lo que no podemos olvidar es de dónde vienen Lively y Meester. Gossip Girl tiene más moda en su ADN que el resto de las series de las programaciones de todos los canales, juntas. Al poco de su estreno las publicaciones especializadas ya la definían como la versión juvenil y la heredera de Sex and the City. No por su contenido ni por su humor, por su moda. Y es que, precisamente, aquí radica uno de los éxitos de la serie. Los personajes ofrecen estilos muy marcados e identificables, lucen complementos arriesgados llamados a saltar de la pantalla a la calle y en su vocabulario habitual, junto a amor y traición, encontramos nombres propios de la moda.  Pero todo ello acompañando a las tramas, sin robar protagonismo, siendo precisamente como la moda misma, parte del día a día.
Serena: “Tengo debilidad por los camareros.”
Blair: “Por los camareros, los pintores, todo el que conduzca una Vespa o vaya vestido de Zadig&Voltaire”
Diálogos así en los que la moda es lo que en otras series o películas son citas a libros y autores conviven en este Upper East Side televisivo con una madre con firma de moda propia, una joven aspirante a diseñadora que quiere estudiar en Parsons o capítulos centrados en la Fashion’s Night Out o en la celebración de desfiles, de los normales dentro de la NY Fashion Week o de guerrilla. Todos los ángulos de la moda tienen su momento en una serie que no ha incorporado estos elementos de forma impostada para convertirse en una serie trendsetter o heredar el tocado de Carrie Bradshaw.  Otras, como Lipstick Jungle o Cashmere Mafia, sí lo intentaron premeditadamente con formulas de laboratorio para reproducir una conjunción entre moda  y ficción que Sex and the City y Gossip Girl han logrado (casi) sin buscarlo.

Y parece que la historia de amor entre la moda y la serie no para. En la presente temporada, además de un doble capítulo en París que provocaría orgasmos a todo fashioncoholic, dos de los personajes trabajaran en la revista W, que ha cedido sus oficinas reales para el rodaje de la serie. Incluso el imperio Inditex se ha rendido al tirón de Waldorf, Van Der Woodsen y Bass. Así, una -no especialmente inspirada- línea de camisetas con imágenes de la serie y sus protagonistas se ha podido ver durante los últimos meses en las tiendas Stradivarius.

Blair (Leighton Meester) y Serena (Blake Lively) lucen modelito en París

Con este pedigrí televisivo no es de extrañar que, aunque los guiones que recitan no sean del nivel de los grandes dramas de la televisión del siglo XXI, Leighton y Blake hayan sido reclutadas como las nuevas chicas de moda –en todos los sentidos- de la televisión.

Albert R. Dot