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31 may 2015

Cuando lo digital se fusiona con el tradicional retail

En la actualidad existen tiendas de moda y accesorios de todo tipo. Existen principalmente dos grandes tipologías, las cuales son las dominantes del mercado del retail: las tiendas de masas, conocidas también como tiendas de fast fashion y las tiendas de lujo. Éstas últimas suelen diferenciarse de las primeras por ofrecer experiencias únicas y exclusivas. Cabe decir pero, que existen otros espacios de venta de fast fashion donde también se intenta cuidar la atención al cliente y la experiencia de éste.
Volviendo a las tiendas de lujo, éstas trabajan y forman continuamente a sus equipos para ofrecer un servicio y atención al cliente excelente e impoluto.
Pero dadas las circunstancias actuales, parece ser que, al igual que la prensa impresa se vio forzada a ofrecer todas sus noticias e información al mundo online y digital, las tiendas de lujo están apostando por hacer vivir a su cliente una experiencia más allá del lujo y la ilusión.
Parece entonces, que ya no es suficiente con vivir la experiencia luxury, sino que además ahora exigimos vivir experiencias digitales en un espacio de consumo textil, de accesorios y joyas, donde cada detalle ha sido cuidado al máximo, incluso la fragancia de la tienda.

Todo ello nos transporta a un universo paralelo que se fusiona con la tradicional experiencia en tienda, para dar como resultado momentos únicos e inolvidables que, al fin y al cabo, es lo que pretenden este tipo de puntos de venta.

En algunos casos, la tecnología tiene lugar en el interior de la tienda, como es el caso de la Connected Store by Rebecca Minkoff en New York, la cual dispone de una connected wall donde poder consultar contenido de la marca, como los últimos desfiles o fotos de las colecciones, que también permite pedir un refresco o elegir los looks o las prendas que más le gusten al cliente para que se los lleven al probador. Una vez en el probador, el cliente puede interactuar con el espejo de la pared y elegir el ambiente que prefiera, modificando el tipo de luz del espacio, así como pedir más tallas o nuevos productos con solo tocar el espejo.


REBECCA MINKOFF CONNECTED STORE: Fuente: http://www.wsj.com/articles/designer-rebecca-minkoffs-new-stores-have-touch-screens-for-an-online-shopping-experience-1415748733

Otro ejemplo interesante y divertido es el de Kate Spade Saturday Window Shop. La marca ofreció durante un mes en New York una experiencia que se resolvía en un escaparate sin acceso al interior de la tienda. La magia tenía lugar en el exterior.

KATE SPADE SATURDAY WINDOW SHOP. Fuente:  http://www.allisonhenryaver.com/kate-spade-saturday-24-hour-window-shops/

KATE SPADE SATURDAY WINDOW SHOP. Fuente:  http://www.allisonhenryaver.com/kate-spade-saturday-24-hour-window-shops/
La acción consistió en la implantación de un sistema digital en un escaparate, donde a través de una pantalla, los ciudadanos podían realizar sus compras, navegando por el catálogo de la marca, recibiendo sus pedidos en una hora y de forma gratuita en las áreas de Manhattan y Brooklyn.



Estamos ante una revolución digital del retail que nos llevará a estrechar, todavía más, los lazos entre las marcas y los consumidores.


Carla Cerdá
|LinkedIn|

14 may 2015

El papel ha muerto, ¡viva el papel!

Women’s Wear Daily ya no es daily, el ‘punto com’ se ha convertido en la principal fuente de información de las nuevas generaciones, y en cada número de Vogue aparecen casi tantas bloggers como modelos.

Desde hace unos años, sobre las redacciones de todo el mundo planea una pregunta: 
¿ H a  m u e r t o  e l  p a p e l ?



Un quiosquero de 1963 preocupado porque Internet acabará con el papel.


No será la abajo firmante la que responda a la pregunta en la que ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo, pero cientos de horas devorando pantallas, revistas y libros han acabado por convencerme de que sí, el papel ha muerto, pero sólo para resucitar al tercer día más fuerte que nunca.

Hace unos meses, amanecíamos con la noticia de que el diario decano de la información de moda estadounidense Women’s Wear Daily ya no publicará diariamente en papel. Fue la gota que colmo el vaso de los que creíamos en el futuro de un soporte que, en fin, no da  -al menos tanto- dinero.

Y es que, seamos justos, poca gente es tan fetichista del olor a tinta como para pagar por tener en soporte físico una información que, de todas todas, íbamos a acabar teniendo gratis, pocos aman tanto el olor a tinta como para guardar solo por coleccionismo algo que de todas maneras va a caducar en menos de veinticuatro horas.




Sin embargo, al ampliar un poco el foco, la realidad devuelve un mundo de la moda conquistado por las pantallas en el que, con todo, resulta que hay más papel que nunca.

En septiembre del año pasado, Vogue Italia publicaba, coincidiendo con su 50 aniversario, uno de los números más grandes que han caído en mis manos. Dos kilos de papel repartidos en 884 páginas (para los despistados, el mítico September Issue, tenía 840, y el del 120 aniversario de Vogue, el más grande hasta el momento, 916) y cincuenta modelos en una portada desplegable. Una revista de esas que no lees en la playa, ni en la cama. Una revista que tienes que leer sobre la mesa porque es demasiado pesada, y demasiado bonita, y que al terminarla ocupa más en la estantería que muchos libros. “No me imagino Vogue en un formato solo digital”, dijo por aquella época Franca Sozzani.




También pure players se han dejado seducir por el formato físico. Tavi Gevinson, aquella niña de catorce años que se sentaba junto a Anna Wintour en los front rows tapando con sus tocados la vista de otras periodistas especializadas, la primera que hizo sospechar que la moda había dado el salto a la web, ha sacado una revista en papel. Rookie, su revista online, publica cada año un yearbook con contenido exclusivo editado por la propia Gevinson.

Papel y más papel.

No hace falta recordar qué hizo Carine cuando dejó de ser la editora de Vogue Paris. 

Por no mencionar maravillas como The Gentlewoman, Self Service, System,... que, si bien dirigidas a un público más minoritario, han surgido en pleno boom digital, y ahí siguen. 

En plena ‘crisis del papel’ llegaron también Forbes y Harper’s Bazaar a España (gracias, Andrés Rodríguez y cía.).





Y por el camino casi me dejo el ejemplo más paradigmático de todos.
En la primavera de 2012, Style.com -la razón por la que una querida amiga sabe decir casi con los ojos cerrados de qué firma es, a qué temporada corresponde y, si me apuras, qué modelo llevaba en la pasarela casi cualquier prenda que le pongas delante- publicaba  su primera edición en papel.
Una revista maravillosa, sin claims ni ganchos en portada, sólo el nombre, y una fotografía que daban ganas de enmarcar y, en el interior, contenidos para alargar la lectura durante meses.
Una publicación semestral que, tan sólo dos años después, llegaba a su fin

A finales de abril, WWD anunciaba que Condé Nast convertirá Style.com en una plataforma de ecommerce. Y el círculo, de algún modo, se cierra. Leticia tenía razón. Las revistas se van a dividir entre libros joya, publicaciones (caras) que guardar y admirar, y catálogos. En el caso de Style.com, acabó por imponerse lo último.


Iria Pérez Gestal