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25 feb 2017

Fashion Film eres tú



¿Qué es Fashion Film? preguntas mientras clavas tu pupila en el vídeo que acaba de erizarte todo el bello, ¿y tú me lo preguntas? Fashion film es… emoción, belleza, arte, música, identidad, carácter, y no te has dado cuenta, pero sí, publicidad.

El Fashion Film es la nueva forma que tienen las marcas de seducirnos, de ser rebeldes, de ser románticas, de ser divertidas… de ser lo que son, o lo que quieren ser, a través de una historia, de una serie de imágenes que nos creen un vínculo con la firma, que nos haga recordar su esencia, que nos pase por el corazón.

A través del formato audiovisual, en el que el mensaje no queda estandarizado, sino que plasma un movimiento, han querido mostrarnos ese híbrido que han creado entre cortometraje, arte, publicidad y música. Los hay de todos los tipos, largos, cortos, con personajes e historias, o simplicidad en lo estético, pero todos nos comunican algo. Las ganas de ser de las marcas, de atreverse, y de seducirnos descaradamente.

Y no queda ahí el asunto, y es que además ya ni si quiera nos meten esa publicidad de manera intrusiva, sino que somos nosotros mismos los que buscamos ver esa obra maestra que nos divierte y nos cautiva, que nos acerca a los grandes, que nos identifica con ellos.

Ese género que ha atraído a grandes directores, como el mismísimo Roman Polanski en A Therapy, de Prada, o Wes Anderson en el tren que nos eclipsó estas navidades para H&M. Las modelos y actrices de fama internacional no podían ser menos entonces, y ahí tenemos a Keira Knightley o Gisele Bundchen para Chanel, entre muchas otras.



Y es que la revolución del Fashio Film va más allá, grandes festivales han surgido para decidir cuales son los mejores del momento, en España ya tenemos dos, Madrid Fashion Film Festival y Barcelona Fashion Film Festival, y suma y sigue.


¿Alguien duda aún que estamos ante una auténtica revolución?

Isabel Blokker

3 feb 2017

La etiqueta culpable de la sociedad



¿Es la suerte la que determina nuestras decisiones? Es decir ¿nos jugamos a cara o cruz el futuro de nuestra vida? ¿O en realidad, es la moneda la que nos hace decidir, justo el instante antes de volcar su decisión encima de la mesa?

Estas son algunas de las preguntas que llevaron al diseñador Pablo Puig a realizar su colección inspirada en “cara o cruz”, en la que decidió plasmar monedas con el mismo diseño en ambas caras ya que “al final, te das cuenta de que tomas la decisión instantes antes a que caiga la moneda”. Así es el joven diseñador que creó en 2014 Blame Label, “etiqueta de culpa”.

“La inspiración de la marca está basada en temas sociales, somos culpables de pertenecer a un sistema poco logrado, la moda es referente al consumismo” señala Puig, mientras da una calada a su estrenado cigarro. Opina que la fast fashion es insostenible, que la moda debería alzarse sobre el materialismo y conducir a una ‘revolución social’, en el sentido de rebelión, rechazar lo impuesto y luchar por un mundo mejor. Una idea romántica de la moda.
El diseñador apuesta por el Km 0, sus creaciones intentan componerse a base de materiales nacionales, aunque no siempre es posible, la fabricación sí cumple el requisito 100% local, sus prendas son confeccionadas en Igualada y Barcelona capital.


Puig muestra ilusión en sus ojos, ilusión por iluminar un mundo oscuro golpeado por el machismo, las tragedias, las injusticias y el racismo. Un mundo donde “todos estamos controlados constantemente”.

Por ello decidió plasmar en su última colección la teoría del panóptico, un tipo de arquitectura inventada por el filósofo Jeremy Bentham a finales del siglo XVIII y usada en centros penitenciarios. La estructura, en forma circular, permite a los guardias de seguridad, que vigilan desde una torre central, observar a todos los prisioneros, sin ellos saber cuándo son vigilados. Esto desemboca en una mejora del comportamiento debido al miedo a represalias al no conocer cuándo son observados, creando un “sentimiento de omnisciencia invisble”.



Blame Label ha visto así salir a la luz su nueva colección, basada en la observación constante a la sociedad, por lo que la ropa pretende servir como camuflaje mientras paseas por las calles de la ciudad, “buscaba que, al ser visto desde un plano picado, el efecto sea de camuflaje, que la persona se fusione con el resto de ciudad”, culmina el diseñador, mientras apaga su ya acabado cigarro.

Y así es Pablo Puig, un romántico empedernido en búsqueda de una mejora social, de un culto a la evolución a través de la moda, una lucha por los derechos a través de la inspiración.

I. Blokker

17 ene 2017

El misterio de Delphos



Por las aguas de los canales de Venecia fluye un secreto con sabor a tinte, una gama cromática indescriptible, los colores que se llevó Mariano Fortuny a la tumba. El polifacético diseñador, pintor, fotógrafo y escenógrafo hizo de los vestidos su lienzo, en los que plasmó su pasión por la pintura a través de la gama cromática que hacen de los vestidos Delphos una obra de arte irreproducible.


Su viaje a Grecia en 1906 inspiró al artista a la creación de un nuevo concepto de vestido, el Delphos, un soplo de aire fresco que dejaba libertad de movimiento a la mujer. Confeccionado a través de telas de seda unidas entre sí a través del cristal de Murano y con un característico plisado ideado por el propio diseñador. La ligereza y sencillez permitían presentar el vestido de forma singular, un packaging característico, enrollado y presentado en una caje, algo inimaginable con los vestidos rococó.




La novedosa técnica de plisado y la gama cromática del Delphos es un misterio que Fortuny se llevó a la tumba. Cuenta la leyenda que, al día siguiente de fallecer, su viuda vertió los tintes del artista a las aguas de Venecia, con el objetivo de que nadie los pudiera imitar. De esta manera, los canales de Venecia se convirtieron en la viva imagen de la obra maestra del diseñador.

P. Medina
I. Blokker

10 ene 2017

‘No me toques la bragueta’


Marcar paquete, ese gesto tan típico que hemos visto en cientos de películas, en cada esquina de la calle, en cada bar de barrio, y de hotel de quinta avenida, en cada semáforo… Marcar paquete, esa pequeña obsesión de todo gran macho que se precie. Pero, ¿es esta forma de mostrar virilidad actual, o en su defecto, viene de antaño?

El pistoletazo de salida de la bragueta se dio en el comienzo del quattrocento, en el siglo XV, cuando la jaqueta (chaqueta de antes) se acorta, el género masculino apuesta en ese momento por lucir piernas y muslo, por lo que había que guardar a buen recaudo las partes pudendas, el susodicho paquete. Aquello llevó a la aparición de la bragueta, que consistía en un triángulo de tela cosido en el pantalón.



Más tarde, ya en el cinquecento (siglo XVI), aparecen las calzas, una prenda semejante al calzón, aunque más estrecho, pegado a los muslos (lo que ahora serían unos buenos pitillos, para marcar mejor), lo que desembocó en una bragueta in crescendo, los hombres comenzaron a rellenarla de manera prominente y desmesurada y fue incluso utilizada como bolsillo. El símbolo del macho viril se alza con “el tamaño sí importa”.




La tendencia fue desapareciendo paulatinamente tras el reinado de Felipe II, aunque por lo visto la inquietud y la preocupación por marcar dicha zona sobrevivió a los seiscientos años que nos separan de esta moda, por lo que en la actualidad, ¿es el paquete una condición o una obsesión?

Patricia Medina e Isabel Blokker