23 ene. 2012

¿Tiene 10 minutos para mejorar su aspecto?

Pequeños pies de loto
Durante las dinastías Qing y Sung, en China, las mujeres de clase media se vendaron los pies por tal de conseguir que midieran siete centímetros. El canon de belleza femenina constituía una mujer delgada, con dedos largos y una boca pequeña enmarcada en una cara redondeada.


Las mujeres del Renacimiento también acogieron esa moda y rasuraron el nacimiento de su cabello en la frente un centímetro por tal de agrandar su óvalo facial.Y en la actualidad, las mujeres padaungs de Birmania o Tailandia miden su belleza según la cantidad de anillos que acumulan alrededor de su cuello por tal de alargarlo progresivamente.


Parece que el sufrimiento sea para muchas mujeres la condición sine qua non de obtener la belleza deseada. Ambos conceptos han estado presentes a lo largo del tiempo en todo tipo de culturas. El requisito es siempre rechazar el cuerpo natural y rectificarlo, convertirlo en la viva reproducción del arquetipo ideal. Pero, ¿a qué responde este modelo?


El concepto de belleza es una construcción social cuyo criterio obedece a un conjunto de valores y lógicas determinadas de civilización . Pero es la divulgación de ese arquetipo lo que ayuda a normalizarlo. Y los medios de comunicación llevamos a cabo esa labor presentando la belleza como un fin de la realización personal y provocando el deseo en las mujeres de ajustarse a los cánones de belleza.


No nos extraña pasear por un centro comercial y ser abordadas por una señora que, por supuesto, está dentro del mismo saco que todas nosotras –o eso revela su estudiada apariencia– y que nos dice:


- ¿Tiene diez minutos para mejorar su aspecto?


Probador virtual de H&M
Tampoco es raro oír cómo la mujer que dispone de ellos y se presta a la magnífica alquimia que promete llevar a cabo la consejera muestra gran preocupación por su aspecto y confiesa querer corregir sus defectos. –Cabe recordar que para interiorizar que parte de nuestras características físicas constituyen defectos, alguien ha decidido antes que lo son–.

Queda claro que vender belleza es rentable, puesto que estamos dispuestas a comprarla. Pero este culto al cuerpo corre el riesgo de convertirse en una tiranía de la apariencia que invita a llevar cabo actos que incurren en rituales descabellados y a menudo, peligrosos para nuestra salud. Un ejemplo acerca de la rentabilidad de la belleza  puede ser la reciente polémica que discute si es o no adecuado que H&M use en sus catálogos online cuerpos virtuales creados completamente por ordenador. No es necesario mencionar que esos cuerpos están muy lejos de representar la fisonomía de la mayoría de las mujeres.

Modelos de Dove
Pero hay un gran obstáculo que impide iniciar un proceso de reelaboración de un patrón de belleza más saludable y natural ya que podría afectar a la rentabilidad de los productos destinados a mejorar nuestro aspecto.

Y sino, probemos. Propongo que las chicas de carne y hueso de Dove sustituyan a las modelos virtuales de H&M.


¿Se venderán igual las prendas?


Keren Manzano

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