29 ene 2011

Lisboa (que no los lisboetas) viste de Prada

Desde hace poco más de un año Lisboa se ha llenado de Starbucks, los proveedores oficiales del desayuno de Anna Wintour, y de tiendas de marcas de lujo. El fenómeno es raro si pensamos que Portugal atraviesa una crisis económica de las más fuertes en Europa, hasta el punto de que al país se le ha “aconsejado” recurrir a las ayudas del FMI, y vivió la semana pasada unas elecciones presidenciales donde la abstención fue de más del 50%. Quiero con esto decir que no es propiamente un país que esté estable ni inspire confianza para que marcas como Prada, Marc Jacobs, Tod’s, Louis Vuitton, Burberry, Hugo Boss o Dolce&Gabanna se pongan a abrir tiendas.

Sin embargo, y aunque cada uno de los espacios comerciales lisboetas de estas firmas esté lejos de la espectacularidad de sus “hermanos” neoyorquinos, franceses e incluso madrileños, estas ganas de arriesgar no parecen del todo despropositadas si miramos más allá de la superficie.

La recién inaugurada tienda Prada de Lisboa

Puede que la inversión de estas marcas de lujo en Portugal tenga como objetivo tantear el mercado y el tipo de comprador ibérico. De ser el caso estaríamos ante una situación un poco semejante a la de las “guerrillas shop” que Comme des Garçons lleva abriendo (y cerrando) desde el 2004, en ciudades alejadas del mainstream de la moda, para vender sobrantes y testear mercados con vista a posibles aperturas. Pero yo creo que esta fiebre de la marcas de lujo por abrir tiendas en Lisboa tiene un trasfondo menos inocente. Confío que sus razones están basadas en pruebas ya dadas y no tanto en experimentos.

Cuando pensamos que ni en Barcelona existe una flagship store de Prada, para disgusto de muchos turistas, principalmente de los asiáticos, nos cuesta creer que Lisboa se haya ganado el derecho a tener su propia tienda de la marca italiana, sólo porque sí…

Pero Lisboa no sólo es una ciudad que también atrae a muchos visitantes europeos, americanos y asiáticos, sino adonde muchos brasileños y angoleños con poder adquisitivo van para hacer sus compras. Para estos últimos turistas la capital del imperio es como un “gran” Centro Comercial.

Como se explica en un trabajo publicado en la revista Visão, una de las principales news magazines del país vecino, en Diciembre de 2009, “para los portugueses, Angola está a siete mil kilómetros de distancia; sin embargo, para los angoleños, Lisboa queda a tan sólo siete horas de avión”. Y la verdad es que se agradece su interés por comprar en Portugal. Porque, como explican todos los diseñadores de lujo, gerentes de las mejores tiendas de joyas y relojes o peluqueros de renombre a quienes la revista Visão entrevistó para su reportaje, los brasileños y angoleños son quienes mejor compran.

Infografía publicada en el reportaje "Angolanos no 'shopping' Portugal", de la revista Visão, a 10 de diciembre de 2009

Al momento, Brasil y Angola tienen economías con óptimas perspectivas de desarrollo (basadas principalmente en los recursos naturales) y sus ciudadanos con poder de compra no se cortan a la hora de invertir en las mejores marcas, que les puedan dar status no sólo en sus países como en contextos internacionales. En Lisboa tienen facilidad de comprar por el idioma y porque son tratados como verdaderos miembros de la realeza. Les dan todas las condiciones para adquirir cómodamente y a lo grande. Porque si hay algo que todos los entrevistados son unánimes es en afirmar que estos clientes “raras veces preguntan el precio antes de pagar”. ¡Pero esto no significa que compren la primera cosa que les ponen delante! Saben muy bien a qué tiendas ir y cuáles las prendas de las últimas colecciones.

Eso sí, buscan exclusividad. Por ejemplo en Luanda, a los eventos sociales importantes, asiste un grupo más bien pequeño de angoleños y si todos compran en Lisboa y en las mismas marcas existe el enorme riesgo de que más de uno se vea en una de esas situaciones en que está paseando por el salón, con su flûte de cava en la mano, mira a un lado y ¡ups!, ahí está, alguien con la misma prenda.

Otra exigencia es que, además de materias primas lujosas, la ropa y los complementos tengan logos bien visibles. Los bolsos Dior son los preferidos de las compradoras angoleñas y brasileñas “habituales” de la Loja das Meias, la tienda multimarcas de lujo de Lisboa.

Fuera del carro quedan, por eso, las marcas de diseñadores nacionales más conceptuales, que al no ser tan sonantes no logran atraer a este nicho de mercado. Fátima Lopes y Augustus, en cambio, se forran. De hecho hacen ya colecciones pensando en los clientes de estos países. Louis Vuitton, Burberry, Tod’s y Cia. o las recién inauguradas Prada y Marc Jacobs tampoco tienen nada de que quejarse y a estas horas se estarán frotando las manos de felicidad con los logros obtenidos en una ciudad que, contra todo pronóstico, al final vende.

Fátimas Lopes al final de su desfile Otoño/Invierno 10/11 en la Moda Lisboa

El diseñador portugués Augustus con algunas de sus creaciones

Para terminar os dejo con unas imágenes que ilustran perfectamente el tipo de comprador de lujo subsahariano. Las siguientes fotos las conocí en la pasada edición del World Press Photo y durante la elaboración de este post no me las podía sacar de la cabeza. Son del fotógrafo malí Malick Sidibé y fueron publicadas en el The New York Times, en abril de 2009, para ilustrar el reportaje “Prints and the Revolution”, sobre un grupo de individuos que en un país tan pobre como Mali son conocedores y consumidores de las mejores y más caras marcas de moda. Sin embargo, no se limitan a vestirse con las últimas propuestas de los principales creadores, sino que las integran en su propia cultura, haciendo un mix and match de prints que para nosotros sería “raro” pero que hace de ellos los style icons de su país.

Foto 1: Abdoulaye Diakibe (izq.) viste traje Viktor & Rolf, camisa Bottega Veneta, zapatos Dolce & Gabbana y sombrero Burberry. Mamoutou Kone viste camisa y traje Dries Van Noten, corbata Etro y zapatos Paul Smith.
Foto 2: Modibo Zounkara viste traje Ann Demeulemeester, polo Prada y sandálias Dries Van Noten. Kadia Coulibaly lleva vestido Charles Anastase, chaqueta de Tao Comme des Garçons, bolso Miu Miu, zapatos Chloé y pendientes Louis Vuitton.

Foto 1: Aichata Sylla lleva blusa Oscar de la Renta, falda Miu Miu, faja Marc Jacobs, cinturón New York Vintage, bolso Miu Miu, zapatos Cole Haan, sombrero Philip Treacy y pendientes Louis Vuitton.
Foto 2: Zacharia Sidibé viste traje y faja Etro, pantalones John Galliano y sandalias Tod’s.

Foto 1: Fataumata Cissé viste top y falda Junya Watanabe, bolso Miu Miu y zapatos Zoraide. Mamadou Gamara viste camisa Dsquared2, chaleco y pantalones Missoni y zapatos Gucci. Mariam Sidibé lleva vestido Nicole Miller, falda Tsumori Chisato, zapatos Christian Louboutin, sombrero Albertus Swanepoel y collar Dries Van Noten.
Foto 2: Abib Zounkara viste americana y camisa Marc Jacobs, pantalones Patrik Ervell y zapatos Giorgio Armani. Assan Sylla lleva chaqueta Duro Olowu, camisa Marc Jacobs, falda See by Chloé, zapatos Zoraide y sombrero Rike Feurstein. Sekouba Sidibé viste camisa Marc Jacobs, chaleco Adam Kimmel, pantalones Yigal Azrouel y sandálias Salvatore Ferragamo.

 

Mafalda Soares Caldas

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