24 mar. 2015

Disney para adultas, roles de género y servidumbre emocional.

Hace días que pensaba en cómo justificar un artículo como este en un blog de moda. Opción 1; hablar sobre el vestuario. Opción 2, la cercanía con el 8 de marzo, día internacional de la mujer. Opción 3, se me acabaron las excusas. Ninguna cuela así que solo me queda una opción, ser sincera. La única justificación es que necesito soltar la indignación, que si no se gangrena.  

Voy al grano; fui a ver “50 sombras de Grey”. Culpable. Me gusta justificar con pruebas aquello que digo y esto a veces me lleva a ser un poco "masoca". Llevaba días diciendo “Esto es Disney para adultas” y necesitaba razonamientos. Por un lado, “Disney” por la historia que ya que conocemos: chica virginal se enamora de chico atormentado y se adapta a sus deseos para así llevarle hacia la luz. Boda y niños incluidos. Por otro, “para adultas”, por los azotes. Y aquí, en los azotes, me planto. No por el bondage en si (cada cuál que haga lo que quiera con su vida sexual sin dar explicaciones) sino por la razón por la que la protagonista llega a ello: entregada a la sodomía, no por disfrute y apetito de experimentación, sino por conseguir amor y, entre cachete y reglas impuestas, el premio de pasar algún día en plan pareja.


Imágenes publicadas por la revista Cosmopolitan bajo el titulo "Si las princesas Disney fueran..."

En este sentido el mensaje de la novela/película me indigna y turba a partes iguales. Nos vende una liberación sexual inexistente cuya esencia es únicamente la de la compra-venta de sentimientos por parte del hombre y el deseo del cambio y salvación ajena por parte de la mujer. Resumiendo: la misma idea retrograda que llevamos siglos luchando por cambiar. El refuerzo de los casposos roles de género. 

Una historia de liberación incoherente, porque si miro a mi alrededor no veo muchas Anastasias. Veo mujeres que buscamos llegar a todo: trabajar, estudiar, ser las mejores hijas, amigas, parejas, rollos, amigovias (o todos los estados que puedan entrar en la lista, cada cual que escoja el suyo). Además empatizamos con todo aquel que nos encontramos y por el camino, nos queda tiempo para ir al gimnasio (porque queremos no porque debemos) y tenemos sexo cómo, cuándo y por qué queremos. Disfrutándolo de tú a tú, en igualdad y no cediendo al sufrimiento y control como moneda de cambio del amor. Porque si hablamos de amor, este debe ser incondicional y  libre y  “50 sombras de Grey” perpetúa todo lo contrario: dependencia emocional, clasismo de género y servidumbre.



Saliendo del cine solo podía tener palabras positivas por la banda sonora. Ni siquiera cinematográficamente hablando vale la pena: la adaptación del libro se parece más a un spot largo de colonia masculina que a una película. Y en cuando a la interpretación os aseguro que yo reflejo más angustia y agobio cuando veo que mi Iphone llega al 1% de batería que Dakota Johnson supeditada al control ajeno sin límites.

Aunque continuo sin encontrar una razón firme para justificar este artículo en un blog de moda; sí que tengo mis motivos, aunque suenen utópicos. Desde los medios dirigidos a targets femeninos, entre ellos medios de moda femeninos (y me atrevería a decir, también masculinos) deberíamos tener la obligación de propiciar conductas que sirvan a la sociedad para mimetizar la libertad y empatía entre ambos sexos. Como medios de masas las revistas femeninas deben ahondar en el mensaje de historias como estas y explicar el peligro de su discurso. Porque el peligro de “50 sombras de Grey” no está en el BDSM, sino en la sumisión que se reproduce en el resto de ámbitos personales hasta llegar al abuso emocional.

PD: Pocos días después, para equilibrar el puñetazo de “50 sombras de Grey” vi per enésima vez “WorkingGirl”. Melanie Griffith me recordó que existe ese tipo de mujer a la que admiro. Y Harrison Ford que hay un tipo de hombre con el que podemos disfrutar, querer y trabajar con igualdad.

Adriana Barba, https://twitter.com/adrianabarba/ 


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