5 ene. 2015

"Está muy bien que mi peluquero sea gay... ¡pero no mi hijo!"

Los hombres homosexuales -las mujeres son otra historia- se han abierto un hueco en la sociedad a base de estereotipos, chistes malos y clichés. Se les ha convertido en el personaje secundario, afeminado, promiscuo y obligadamente gracioso de series de televisión, películas y novelas. Son el amigo sensible y comprensivo. Moderno y estiloso. Meloso y artístico. Ser gay está de moda. Un requisito indispensable si eres entrenador personal, presentador de un programa de televisión o dependiente de un Zara.

Lo que está pasando es que estos mismos ejemplos tan manidos son los que se quedan luego en el ideario de la gente, los que pasan a formar parte de su realidad. Y lo peor es que realmente se piensa que la homosexualidad está ya aceptada en la sociedad, cuando no es así en absoluto. No se educa a la población para que acepte la variedad de orientaciones sexuales, la actitud más habitual es la de "Está muy bien que mi peluquero sea gay, ¡pero no mi hijo!".

Ya no sólo es cuestión de si la homofobia sigue presente en la sociedad, no se trata del rechazo, no se trata de una persecución, se trata del trato que se le da a la homosexualidad. Claro que ya no se les ve como enfermos, ni como la encarnación del diablo, eso sólo ocurría cuando los gays permanecían escondidos en sus respectivos armarios, por miedo a que los grises les pegaran una paliza o a que la Inquisición les convirtiera en antorchas humanas.

No se trata del rechazo a conductas particulares, sino de la generalización y la extrapolación de dicha conducta. Y esta mal llamada 'normalización' ha dado lugar a la propia mercantilización del colectivo homosexual. Un ejemplo más que evidente es la cabalgata del Día del Orgullo Gay, una de las movilizaciones que, en mi opinión, más daño está haciendo a las personas a las que se supone que representa. Porque aún no se han dado cuenta de que este festival de banderas de colores, canciones de Marta Sánchez y purpurina le hace un flaco favor a aquel cuya condición sexual no condiciona toda su existencia.

Orgullo Gay. ¿Orgullo de qué? Una condición sexual no es un logro, no es ni siquiera una elección personal, es una orientación personal que cada persona siente como suya. Igual de orgullosa debe sentirse un chica lesbiana que una heterosexual, cada una con una condición tan respetable como la otra. Nadie es mejor que nadie, y ese es el camino para llegar a una sociedad igualitaria. Por supuesto que deben reivindicar los derechos que aún se les niegan, así como luchar contra la homofobia real que por desgracia aún persiste en nuestra sociedad ,pero para ello hay que tener clara una premisa: Una persona no es su sexualidad.


Carla Esteve
@cordeorde

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