24 feb. 2015

Manipulados

Nos manipulan, pues claro que nos manipulan. Me imagino a uno de los señores Puig, o a su director de estrategias diciendo: “Vamos a sacar un perfume de David Bustamante y lo pondremos en todos los supermercados, porque seguro que muchos catetos de clase media-baja con estudios primarios van y lo compran”. Y le cogen la idea, lo producen dándole una fórmula barata con aroma un estándar y un acuerdo con todas las grandes cadenas de supermercados de España para que lo compren. ¿Y sabéis lo mejor? Que muchos catetos de clase media-baja con estudios primarios van y lo compran.

Y ellos no son peores que nosotros, en absoluto.

Al trabajar para una empresa que se dedica a vender precisamente a ese perfil de comprador, inevitablemente empiezas a verlo todo de una forma muy analítica y despersonalizada, porque sencillamente es esa la forma en la que se trabaja. Escuchamos a la gente, creamos sus necesidades para que compren, para obtener beneficios. Y somos tan egocéntricos, nos creemos tan especiales por el simple hecho de entender el mecanismo del juego que nos llegamos a creer que no formamos parte de él.

Cuando compro unas zapatillas en una web porque tienen un descuento del 65%, probablemente alguien como yo ha pensado que seguro que hay alguna chica entre 20 y 25 años, con gusto por la moda pero con poco presupuesto, que las compra.


La realidad es que todos somos diminutas piezas que hacen funcionar este engranaje complejo y de extraño movimiento. Como la fría maquinaria del reloj suizo que es el mercado. La ley de la oferta y la demanda es un sistema congénito en la humanidad. Si la prostitución es el oficio más antiguo del mundo, la ley de oferta y demanda es lo que lo motivó. Y nos guste o no, todos formamos parte de él.



Carla Esteve
@cordeorde

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