1 mar. 2016

Este año me pido ser modelo

por Andra Ludusan

*El siguiente artículo es ficticio y está basado en una reflexión personal.


Queridos Reyes Magos,

Teniendo en cuenta mi continua y estricta preparación de este último año, sólo os pido una cosa: ¡haced de mí una Top Model!

Atte., 

Futura Talla 0

P.D. Adjunto les envío el comprobante de mis medidas.



Sonrisas, lágrimas de felicidad y de emoción.  Entre aplausos y oraciones, el ayer y el mañana dejan de existir. El cuerpo se llena de orgullo y percibe el latido del éxito. Miradas satisfechas transmiten una confianza a menudo en discordancia con las sonrisas. Sonrisas planas, sin brillo, totalmente desconectadas de los sublimes cuerpos. 

Cuando se me presentó la oportunidad de entrevistar a una ex Top Model la cogí sin pensármelo dos veces. Sin embargo, cuando Iris entró por la puerta de la cafetería donde habíamos quedado, sentí que no sería una de las entrevistas comunes. No hizo falta pasar por el clásico momento de la introducción ya que apenas sentarse, empezó a confesarse sin tabús: 

"¡Si quieres, puedes!" es el eslogan que define al mundo en que las jóvenes chicas luchamos por ganarnos un hueco en la industria de la moda y, con suerte, el cariño de la celebridad. Yo pisé la alfombra roja de ese mundo y cada vez que miraba a mi alrededor me sentía muy orgullosa de mi misma. No había nada parecido a los momentos en los que salía a la pasarela, allí me olvidaba de todo lo que había luchado para alcanzar la luz de los focos. Me sentía poderosa, capaz de pisar con fuerza cualquier obstáculo que se interpusiera en mi camino. Me repetía continuamente que no había lugar para el arrepentimiento y que sí, era difícil, pero muy gratificante.

Se detiene y hace una larga pausa. Aprovecho para mirarla con más atención y su imagen me recuerda a la de una niña que, a pesar de su deseo de protagonismo, se niega a que le molesten. Le pregunto qué fue lo que le llevó a vivir tan de cerca el ansiado mundo de la moda. Iris se queda con la mirada perdida. Pasados unos minutos, me contesta:

Desde siempre supe que quería ser una Top Model. Empecé desfilando por el pasillo de mi casa, poniéndome los vestidos más bonitos de mi madre. Leía todo lo que caía en mis manos sobre la moda y estaba convencida de que mi sueño se cumpliría. Me llamaba a mí misma "Futura Talla 0". El intervalo de tiempo entre esos momentos y los que les siguieron carece de claridad en mi mente. Me veo a mi misma caminando por Wall Street y luciendo con orgullo mi ansiada talla 0. Por dentro me estaba muriendo, pero tenía el mundo a mis pies. 

Me mira, hace una mueca y, al rato, continúa:

Soñé tanto con la talla 0 que llegué a pensar que era sólo una utopía. Pero sí que existe. Existe para definir a una persona que ha dejado de existir, que se ha convertido en cero. Si coges a una joven aspirante al título de Top Model y la sueltas en el intenso mundo de los adultos donde predominan las drogas, el alcohol, el sexo y la gente moralmente cuestionable, la cosa tiene toda la pinta de que vaya a salir mal. Lo que la gente no sabe es que hay miles de chicas desconocidas que se mueven por esta industria, dando vueltas en ciudades redondas, luchando por conseguir un puesto de trabajo que les acerque a sus sueños, viviendo en dormitorios sombríos que pertenecen a agencias anónimas. Como nueva cara en el mundo del "modelling" tienes que trabajar muchísimo y, a menudo, en ciudades lejanas al propio hogar. Al final del día me sentía cansada y no tenía dinero. Aún no había aprendido el idioma y, a pesar de mis dieciséis años y mi cara de niña, nadie estaba dispuesto a darme de comer. Así que no me quedaba otra que irme a la cama con hambre. 

Sus últimas palabras me dejan impactada. En mi mente aparece la imagen de una chica a merced de la Ruleta Rusa. A estas alturas no me parece nada sorprendente de que los trastornos de conducta alimentaria se hayan apoderado de la industria de la moda. La anorexia y la bulimia llevan una estrecha lucha hacia su meta. Con suerte, gana sólo una y entonces su víctima se puede considerar afortunada. No obstante, a menudo éstas unen sus fuerzas para que el resultado sea más poderoso. 
Le pregunto a Iris en qué medida se sintió afectada por estos desórdenes mentales:

Una vez que eliges arrancar por este camino tienes dos opciones: aguantar o dejarlo todo. Yo elegí la primera y nunca me arrepentí de mi decisión. No, no es siempre agua y limón como se rumorea. Es un poco mejor. Pero no te voy a mentir, es muy difícil. La constante incertidumbre de lo que puedes o no comer te lleva hacia el borde de un abismo donde si te deslizas, te caes. A veces me despertaba con un ansia enorme de comerme un pastel, pero casi siempre me detenía a tiempo. Cuando no lo conseguía, esos instantes los vivía como una orgía y con el sentimiento de haberme ganado el derecho a vomitar. El estómago aguantaba lo que recibía, pero a la noche volvía para rebelarse. Raras veces conseguía dormir más de cinco horas. Probablemente para recordarme de que no podía dominar el Universo entero. 
De hecho, la anorexia y la bulimia no deberían considerarse como un daño colateral de esta profesión ya que son casi inherentes a ésta. En la pasarela el cuerpo desaparece para dejar a la vista la ropa que llevas puesta, y se convierte en un soporte invisible o como mucho en un perchero. Es irónico porque ¿a quién le importa de verdad el diseño de un perchero? 
Desde fuera parecemos las estrellas del espectáculo, pero en realidad sólo somos un producto manipulado por una industria cuyas tendencias cambian continuamente. Piensas que estás entre las primeras y al día siguiente te das cuenta de que te has quedado atrás en esa asidua carrera que no avisa antes de cambiar de preferencias. Cuando crees que estás encaminada hacia tu sueño, que has conseguido una carrera decente y que aún tienes fuerzas para seguir creciendo, la realidad te da un portazo a la cara. Con veintidós años te despiertas un día para darte cuenta de que ya no te queda tiempo para demostrar lo que vales y que tienes volver al mundo del que un día saliste tan ilusionada.

Se levanta y, antes de salir, me sonríe y pone una carta sobre la mesa: Me ha costado, pero ahora entiendo la postdata. 


Querida Futura Talla 0,

Agradecemos la confianza depositada en nosotros. Actualmente estamos trabajando para hacer tu sueño realidad. 

Atte.,

Los Reyes Magos

P.D. Adjunto podrás encontrar una copia de tu carta original por si decides replantar tu futuro. Ten en cuenta que no aceptamos cambios o devoluciones después de haber alcanzado tu meta. 


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