11 mar. 2012

Los nuevos aires de Lanvin


La casa de moda, fundada por Jeanne Lanvin en 1909, ha resucitado en la última década gracias a la gestión de la empresaria taiwanesa Shaw Lan Wang, y el genio creativo de Alber Elbaz.

Alber Elbaz (nacido en Casablanca, 1961) podría definirse como una mezcla de científico de laboratorio, costurero incansable, maestro de historia y archivero de biblioteca. Su aspecto de hombre de baja altura, con algo de sobrepeso, traje con pantalones a los tobillos, pajarita sobredimensionada y gruesos anteojos de montura negra cuadrada, ofrece un espectáculo que solo se hace más adorable cuando comienza a hablar con su voz dulce y educada. Nacido en una familia bastante conservadora, y criado en Israel, comenzó su carrera en Nueva York diseñando para la marca de moda masculina Geoffrey Beene. Allí estuvo 7 años, hasta que en 1996 lo reclutaron para Guy Laroche en París. Los diseños daban que hablar, sobre todo para marcas que se encontraban algo estancadas, y fue fichado por Pierre Bergé e Yves Saint Laurent para hacerse cargo del pret-a-porter femenino, trabajando codo a codo con el célebre diseñador. Era una difícil tarea, diseñar al lado del maestro, pero logró destacarse junto con Hedi Slimane en la división masculina de la casa de costura.
En 1999 YSL fue comprado por el grupo Gucci (hoy PPR), y con Tom Ford al mando creativo, se les cortó el camino a ambos diseñadores. Elbaz pasó por la firma italiana Krizia, y deambuló sin rumbo durante un tiempo, hasta que en 2001, se enteró que la empresa Harmonie S.A. (de la que es propietaria Shaw Lan Wang) estaba interesada en adquirir Lanvin. Sin muchos rodeos la llamó y la convenció que debía comprarla, y qué el debía dirigirla, argumentando que había que “despertar a la bella durmiente”. Hoy en día esa bella durmiente bien puede ser el alma de Lanvin o el espíritu creativo de Elbaz, pero está claro que ha dado resultados.

Con la visión empresarial de Wang, y el genio artístico de Alber, Lanvin ha logrado reposicionarse en el mercado de la moda mundial. Este año pudimos ver en la entrega de los premios Oscar a los dos principales ganadores (Meryl Streep como mejor actriz y Jean Dujardin como mejor actor) vestidos por la firma francesa.

Shaw Lan Wang y Alber Elbaz
El actor Jean Dujardin en los Oscar 2012 vestido por Lanvin

La actriz Meryl Streep en los Oscar 2012 vestida por Lanvin 
En diciembre del año pasado, Alber Elbaz estuvo a cargo de decorar el tradicional árbol de navidad del Hotel Claridge de Londres (todos los años se le pide a un diseñador destacado que adorne el espacio), y no defraudó, con una puesta en escena llena de personajes que restaban protagonismo al árbol y se centraba en lo que es importante para él: humor, belleza, feminidad.
Árbol de Navidad del Hotel Claridge, por Lanvin
En septiembre de 2010, la marca sueca H&M presentó una colección cápsula firmada por Lanvin que fue un éxito absoluto. En palabras del diseñador: “me llamó la atención la idea de que H&M se acercara al lujo, y no que Lanvin hiciera el camino contrario”. Con prendas que lograron trasladar el sueño de Lanvin a públicos más amplios, la colaboración cimentó el buen momento por el que pasa hoy en día.

Cerrando la cuarta jornada de la semana de la moda de París, Lanvin presentó un desfile de pret-a-porter femenino que no defraudó en absoluto. Manteniendo a la mujer como estandarte, ella como protagonista y no lo que viste, las prendas resaltaron las curvas femeninas, los colores tradicionales de la marca (azul, rosa, verde, y tonos de piedras preciosas como turquesas y rubíes) se complementaron muy bien con duras chaquetas y faldas de cueros negro. Los vuelos, sin llegar a ser ochenteros, daban metafóricas alas a las modelos, y junto con los apliques, los brillos, las piedras, y los guantes hasta el codo, completaban el look en una escala íntima y con cuidados detalles, dignos de Lanvin.

Colección Otoño invierno 2012

Colección Otoño invierno 2012

Colección Otoño invierno 2012

Eso ya daba espacio a un aplauso muy merecido, pero nada había preparado a los asistentes para lo que estaba a punto de ocurrir una vez acabado el desfile.
Se abre un telón en altura, una banda comienza a tocar, y el mismísimo Elbaz da un discurso agradeciendo a quienes lo han apoyado en estos años y han hecho realidad sus sueños. Reconociendo que es un pésimo cantante, solo entonó unas pocas palabras de la canción “Que será, será”, caminó por la pasarela que antes atravesaron sus diseños y dio la mano a muchos de quienes lo ovacionaban, al ritmo de una canción tan apropiada para el presente, que mira con orgullo su historia.

Alber Elbaz al final de su desfile en París

Por Florencia Gioia L.

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