8 abr. 2011

Costura


Nota: puede que esta entrada os resulte bastante personal, e incluso puede ser calificada como “ñoña” o “cursi”.  Pero ahora que ya empieza a llegar el deseado verano, ahora que se aproxima final de curso y ahora, después de haber tenido la suerte de conocer más a fondo un mundo que me fascina, siento la moda como algo personal. Como una parte de mi, llena de recuerdos e historias que se han ido cosiendo en los vestidos que cada temporada estrenaba, en las flores que me cosía mi abuela, y en esas puntillas de ganchillo de los calcetines de los domingos. En el fondo soy una sentimental, y puede que también (a mi manera) una romántica, pero hoy me siento contenta y me apetece compartir una parte de mi.

Costura. Bella es la palabra y bellos son los recuerdos que trae a mi memória. Después de tantos años aún veo a mi coutirière preferida sentada en la pequeña mesa de su cocina convertida en taller de costura dibujando los vestidos de princesa que yo lucía los domingos de sol en primavera. Con sus pequeñas gafas, su mirada era limpia, sincera y perfeccionista. Telas de flores y rayas iban tomando forma sobre mi cuerpo inquieto de niña. Y algunas veces sin querer, mis piernas notaban el roce de los suaves alfileres. Ella quería que ese pequeño vestido de alta costura, tejido a mano y con amor, fuese el más bello de todos. Yo sólo quería que la falda girase al mismo tiempo que yo daba vueltas, cerrando los ojos e imaginándome en un mundo paralelo, de princesas, príncipes y dragones.



Ahora recuerdo con nostálgia y felicidad esos instantes vividos con mi abuela en Ferreries. Sus enfados cuando me tomaba las medidas y yo no paraba quieta, algo no más complicado que la elección de la tela, que también provocaba pequeñas discusiones entre ella y mi madre. Ella era quien compraba la tela, y después de que mi abuela me tomase las medidas, dibujaba en un papel de una vieja libreta como sería el vestido. Con una piedra especial pintaba la ropa, la cortaba y la cosía. Eso si, yo debía pasar por su “taller” varias veces durante ese delicado proceso de producción para probarme el proyecto de vestido, viendo como este iba tomando forma. Por esos días, los odiaba. Ahora, los amo y los recuerdo con nostalgia. Contemplo cada costura y cada botón cosido a mano, esos cuellos que tanto incordiaban y las mangas perfectmente simétricas, y sonrio al pensar que, en cierto modo, yo era una niña afortunada.

Según la RAE.
Costura, del latín consutūra (arte de coser). 1. Acción o efecto de coser. 2. Labor que está cosiéndose y se halla sin acabar. 3. Oficio de coser. 4. Serie de puntadas que unen dos piezas cosidas. 5. Unión hecha con clavos o roblones, especialmente la de los maderos o planchas del casco de un buque. 6. (mar) Línea de separación entre dos tablones puestos en contacto y que se calafatea para impedir que entre el agua.

Para mi costura es todo. Principio y fin. La última página de un libro que da inicio a la siguiente. Los últimos rayos de sol acompañados por la tenue luz de la noche. Buenas noches. Buenos días. Una conversación acabada. Un hasta luego. Una botella vacía. Un lunar en la cara. Unos zapatos a punto de estrenar. El semáforo en rojo. Una maleta vacía. Una imagen desenfocada, o un cuaderno donde empezar a escribir.  

Laura Rotger

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