24 mar 2011

Si a Chanel... ¿le acabaran en la cabeza?

Es increíble el valor que las personas otorgan a las cosas más peculiares.


Durante siglos, ha existido en la fe (católica, principalmente), la figura de las reliquias. Estos objetos que por haber pertenecido a personajes sagrados se convierten en piezas místicas y adoradas; la mayoría de ellas no son sólo pertenencias, sino que formaron parte misma del cuerpo del santo, santa, monja, sacerdote o monaguillo, véase cadáveres, miembros, cabellos, sangre y hasta prepucios. De esta manera, durante años, centenares de personas acudían y todavía lo hacen, a estos lugares que albergan el pedacito de uña de alguna monja que alguna vez aseguró tener estigmas.

Lo físico priva. El rastro del cuerpo vale a menudo más que su peso en oro y el arte y la moda no escapan de este fenómeno. Así como lo sagrado se ha venerado durante siglos, vivimos tiempos en los que los objetos de veneración se diversifican a medida que los dogmas se relativizan. Sí, las figuras religiosas se veneran, pero de la misma manera, adolescentes frenéticas dejan de lavarse las manos si llegan a tocar a Justin Bieber y en lo que a este post respecta, hay quienes (con frenesí o no) desean llevar la huella simbólica de un encuentro sexual.

Así como Angelina Jolie cargaba en su pecho una botellita con la sangre de su ex esposo Billy Bob, la artista Leah Piepgras nos da "Pear Necklace". Llamarlo reliquia es una desproporción pero de que representa algo que para muchos es digno de adoración, lo representa.



Preparaos.


"Pearl necklace is a physical reminder of a fleeting moment of pleasure". Esta la elegante descripción de esta gargantilla cuyo colgante de plata es una brillante figura amorfa que simboliza nada mas y nada menos que la eyaculación masculina.


Pues si, estamos ante la alabanza del semen.





Para los que no saben y valga la desagradable aclaración, "pearl necklace" (collar de perlas) es el nombre que popularmente se le da a la emisión de semen de un hombre sobre el cuello de una mujer. Es así, no hay manera sutil de decirlo.

Así que este collar o lo vemos como un guiño "gracioso" a la cultura popular anglosajona o lo vemos como: "... una marca visual del caos convertido en perfección a través de un acto de belleza y lujuria" como lo define la artista, quien después de darnos la poética descripción nos señala el poético precio del guindalejo: 420 dólares. 



Mmmmm, vale, Leah. La próxima vez que busque algún simbolismo de fluido corporal para guindarme, te llamaré.


Claudia Lizardo Araujo


Más info en: http://www.leahpiepgras.com/objects/gallery/pearlnecklace/

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