2 may. 2016

Who wore it better?

Por Juliana Sorondo
La imagen en algunos momentos de la historia ha cumplido el papel de vehículo al conocimiento, se ha visto en ella un mecanismo con el cual adoctrinar y fundar un imaginario trascendental en el espectador. Por esto, dentro de la historia del arte, se le han atribuido funciones que no necesariamente van ligadas al contenido plástico o a la expresión del artista, citemos como ejemplo el  arte del antiguo Egipto, el estilo Románico, el Gótico o el Barroco.
 Durante este último periodo, la imagen consciente de su posición adoctrinaba y comunicaba a las masas sobre las bases del cristianismo, así se desplegaban una cantidad de artistas que no solo representaban las escenas bíblicas, sino que buscaban a través de sus obras exaltar las virtudes del buen cristiano. 
Situándonos entonces en este contexto histórico, luego del Concilio de Trento, encontramos dos visiones diferentes de la creación artística y de la vida, el catolicismo y el protestantismo. La imagen católica o devocional estaba totalmente vetada para el protestante, lo que suponía una apertura a nuevas formas e intereses plásticos. 
Por ende, el arte en estos países se abría camino en un sendero no muy explorado y considerado “menor” para la época, haciendo que en el siglo XVII se exaltaran géneros pictóricos como el paisaje, la naturaleza muerta, el retrato y las escenas de género. 



Johannes Vermeer. Chica escribiendo una carta. circa 1665. Oleo sobre lienzo. 45 x 39 cm. 
National Gallery Washington.


Si bien ya no hay un tema fijo y predilecto, ni estrictos cánones a los cuales sesgarse, el arte de los Países bajos debía responder a una burguesía en ascenso con unos estrictos valores, incluso más ceñidos que los católicos en cuanto al decoro y las buenas costumbres. 
La imagen, al inscribirse dentro del mundo protestante, parece responder a dos finalidades. La primera la moralizante, ya que la simbología estaba a la orden del día y de alguna manera articulaba las posibles relaciones o interpretaciones de los elementos que componían una obra de arte. La segunda, el interés por lo exótico, lo extraño y lo novedoso, exaltación de lo  visual que derivó en la conciencia del placer óptico. 


Johannes Vermeer. Chica tocando la guitarra. Circa 1670, 1672. Oleo sobre lienzo. 53 x 46.3. Kenwood House.

Este interés por la observación y el detalle es el que más nos llama la atención desde una mirada historicista de la indumentaria, ya que permite ver en los objetos que acompañan a los retratados, ya sea la estancia, la indumentaria, los tejidos y las joyas, un cuidado y una fidelidad sin precedentes en cuanto a la representación de lo real. 
El principio de la imagen espejo, que explica Victor Stoichita, es la razón fundamental que mueve al pintor protestante a representar solo aquello que existía y que le era visible, lo terrenal y lo cotidiano; no lo suprasensible e imaginario. Esto obliga a que todos los elementos de un cuadro sean reales, sin modificaciones en cuanto a color o forma.


Johannes Vermeer. Chica con collar de perlas. Oleo sobre tabla. 55 x 45 cm. Gemaldegalerie de Berlin


Este interés tan meticuloso por la mimesis, es para los sociólogos e historiadores de la indumentaria un momento y punto de quiebre excepcional para el estudio de la vida cotidiana en los Países Bajos del siglo XVII. La imagen espejo, abre camino a múltiples detalles, en cuanto a la representación del traje, no solo en la forma, sino en los tejidos. Destacan sedas, tafetanes, terciopelos y pieles casi a modo de trompe de l’oil


Johannes Vermeer. Chica y criada. Circa 1666,1667. Oleo sobre lienzo. 90.2, 68.4 cm. Frikc Collection, NY 


¿Puedes ver el mismo abrigo en estos cuadros de Vermeer?. Las pieles para la época eran sumamente costosas, por lo que el pintor no podía darse el lujo de tener en su estudio colecciones de indumentaria para sus modelos. Vermeer no podía inventarse un abrigo o cambiarle el color, sustituir la piel de armiño por seda, la mimesis de la realidad era el leitmotiv de su técnica.


Bibliografia:
-Castiñeiras González, Manuel Antonio, “El nacimiento del cuadro de género y del paisaje” en: Introducción al método iconográfico. Barcelona, Editorial Ariel, 1998, pp 171-188

-Stoichita, Victor, “El dilema de la imagen” en: La invención del cuadro. Arte, artífices y artificios en los orígenes de la pintura europea. Barcelona, Ediciones Serbal, 2000, pp. 95-108


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