10 dic. 2012

Dejemos que la calle hable


El fenómeno del street style

La moda nace en la calle, no en los desfiles. Esto es lo que se desprende del documental “Bill Cunningham New York”, una aproximación al personaje de chaqueta azul de ouvrier que rastrea las calles de NYC, cámara en ristre y a lomos de su bicicleta, a la búsqueda de gente con estilo. Cunningham tiene más de 80 años y sigue en activo con sus columnas On the Street y Evening Hours para el New York Times. Su ojo avizor para las tendencias es incontestable, probablemente fruto de un talento innato y de su experiencia de décadas de ver pasar modas y estilos frente a sus ojos.

Bill Cunningham fotografiando bajo la lluvia de NYC
Bill Cunningham es considerado el padre del street style tal y como lo conocemos hoy en día. De su prolífica obra beben bloggers como The Sartorialist y Tomy Ton, pero es posible que los verdaderos orígenes de éste fenómeno debamos buscarlos en la aparición de las cámaras de 35 mm de pequeño formato y de las Leica. Desde la invención de la cámara fotográfica se ha fotografiado a la gente en la calle, pero es a finales de los 50 y principios de los 60, cuando los jóvenes artistas se lanzan a la calle con el objetivo de retratar la realidad que les rodea. No se identifican con las imágenes y los personajes que encuentran en los medios, tienen la necesidad de retratar su realidad y la portabilidad de las nuevas cámaras fotográficas y de video les ayuda a ello. Bajo estas premisas nacen movimientos artísticos como el de la Nouvelle Vague en el cine y la street photography en la fotografía.

Pareja de adolescentes por Diane Arbus
En la obra de fotógrafos como Robert Frank, Henri Cartier-Bresson e incluso Diane Arbus hay mucho de todo esto. Sus fotografías consiguen captar la realidad del momento, la realidad de una sociedad con sus usos y costumbres, con sus manías y sus locuras, con sus ropas y sus vestiduras. Su ojo fotográfico no estaba hambriento de moda, de hecho, muchos de éstos fotógrafos trabajaron para las principales cabeceras de moda como Harper’s Bazaar y Vogue casi por obligación, para aumentar sus ingresos.

Chica con estilo por Henri Cartier-Bresson









Todo lo contrario que Cunningham quién no se fija en la gente sino en la ropa que visten, aunque es indudable que la indumentaria que llevamos habla de nosotros, de nuestros sueños y aspiraciones, de nuestro trabajo y de nuestro modo de vida. Hay un aspecto antropológico en esto del street style. Conocer a las personas a través de la ropa que llevan, documentar la realidad latente que está en la calle. Fotografiar a sujetos desconocidos y otorgarles el papel de estrellas al publicar sus fotos en Internet o en una publicación impresa. Los 15 minutos de gloria que según Andy Warhol todo el mundo merece.

La perversión de todo esto nace con la explosión del street style que estamos viviendo. La democratización de la tecnología y la difusión de Internet y de los medios sociales han hecho que millones de personas en todo el mundo quieran seguir los pasos de Yvan Rodic (The Face Hunter) o Mr Newton fundando sus blogs de street style. Es tal la proliferación de bitácoras y cabeceras dedicadas al tema que parece que la gente ya sale a la calle con el objetivo de ser carne de blog de estilo. Se ha perdido la espontaneidad, al menos en lo que se refiere a los eventos del mundo de la moda. Los desfiles se han convertido en el escaparate de personas que se disfrazan para salir en la foto. La fiesta de lo excéntrico o del total look de alguna firma de moda.

Fotografía de Tommy Ton para su blog Jak & Jil
¿Dónde nos llevará todo esto? Si las marcas saturan a it-girls y demás personajes del mundillo de la farándula con sus creaciones para que las luzcan ante los flashes, si la gente se viste repitiendo los patrones de las fotografías que ve en las páginas de estilo se pierde la gracia, el encanto de lo que es el estilo en si mismo. Si seguimos así ya no habrá más autenticidad, el street style dejará de hablar de nosotros, de la gente. Es entonces cuando habrá que inventar otra cosa, otra revolución como lo fue en su día este tipo de fotografía. Alguien tendrá que documentarnos.


Por Txell Hernández Gil

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