30 mar. 2017

HI TWIGGY! YOU'RE A POP MODEL

En los años 60 Londres es el centro del mundo de la moda y de la cultura pop. Es una década marcada por el optimismo, el entusiasmo y la creatividad. Una nueva generación transformará la ciudad en una fiesta permanente, es la época del “swinging London”. Una legión de jóvenes creadores pasarán a la posteridad nada más ser descubiertos. Entre ellos una que representará a la perfección este espíritu y se convertirá en la top model más célebre y cotizada del mundo: Twiggy.



Barry Lategan miró a través del visor de su cámara y tomó el archiconocido retrato de Twiggy en su primerísima sesión fotográfica como modelo. Él mismo reconoce haber pensado al disparar “I’ve seen an icon of the future”. Y así fue, tras medio siglo la audacia de la imagen sigue intacta. Un tipo con olfato Lategan, fue él quien sugirió también el apodo Twiggy, haciendo referencia a su físico, de aspecto frágil como el de una “ramita” -Twig en inglés- , como nombre artístico para esa escuálida Leslie Lawson.

40 kilos de peso, 1,68 de estatura y un nombre inolvidable: Twiggy. Lesley Hornby era menuda, elegante, moderadamente andrógina y, sobre todo mod. De origen humilde logró convertirse en una auténtica estrella y en uno de los símbolos de la efervescencia y el hedonismo de los irrepetibles años 60. Abandonó su carrera en la moda para dedicarse a ser actriz y también ahí triunfó. Más de 40 años después, Twiggy sigue siendo un referente estético y un auténtico icono británico. La sociedad de los años sesenta tenía una mísera opinión de la juventud, que empeoraba si se procedía de la clase obrera y se vivía en un suburbio, como era su caso. Pero su infantil y decidida militancia en uno de los movimientos más dinámicos y efervescentes de la época, los mods o modernos, la ayudó a dar el salto. Si el pionero de la sociología Émile Durkheim nos alerta de que “…si en mi forma de vestir no tengo en cuenta en absoluto los usos aceptados en mi país y en mi clase, la risa que provoco y el alejamiento social en que se me mantiene producen los mismos resultados que un castigo propiamente dicho”, ¿por qué los jóvenes londinenses de los años sesenta conocidos como “mods” decidieron vestirse, peinarse y vivir a contracorriente?


“No podemos elegir la forma de nuestras casas, así como tampoco podemos elegir la de nuestros vestidos”, añade Durkheim. ¿Cómo se explica una revolución estética como la de los sesenta? ¿Y si aquella revolución iba de eso: de reclamar poder elegir, es más, de no pedir permiso para hacerlo?
Twiggy como buena chica mod tenía reglas: lo primero que había que destruir era la disciplina, después las buenas maneras, para continuar con el sistema de educación vigente. Ser mod significaba ante todo ser brutalmente sincero. Pero no se trataba de una verdadera filosofía. Era más bien una cuestión de actitud ante la vida, de lenguaje, de excesos y, sobre todo, de estética.



Adriana Blanco. 



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